Uncategorized archivos - Circulando por la Derecha https://circulandoporladerecha.com/category/uncategorized/ Sitio de opinión Thu, 10 Sep 2026 22:33:44 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1.3 https://i0.wp.com/circulandoporladerecha.com/wp-content/uploads/2022/12/cropped-favicon-256x256-1.png?fit=32%2C32&ssl=1 Uncategorized archivos - Circulando por la Derecha https://circulandoporladerecha.com/category/uncategorized/ 32 32 212456007 7 años del estallido: la cuenta que Chile nunca terminó de pagar. https://circulandoporladerecha.com/2026/10/19/estallido-social-7-anos-balance-cifras/ Mon, 19 Oct 2026 06:28:00 +0000 https://circulandoporladerecha.com/?p=1265 El 18 de octubre de 2025 se cumplieron seis años del estallido social. Este 2026 se cumplen siete. Cada aniversario trae el mismo ritual: unos lo llaman «revuelta popular», otros «octubre negro». Pocos se detienen en los números. Y los números, siete años después, cuentan una historia incómoda para cualquier relato romantizado de esas semanas. […]

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El 18 de octubre de 2025 se cumplieron seis años del estallido social. Este 2026 se cumplen siete. Cada aniversario trae el mismo ritual: unos lo llaman «revuelta popular», otros «octubre negro». Pocos se detienen en los números. Y los números, siete años después, cuentan una historia incómoda para cualquier relato romantizado de esas semanas.

Lo que costó, en cifras que no son opinión.

El estallido dejó 32 personas muertas, según las cifras oficiales del propio Estado chileno. Dejó más de 3.400 civiles hospitalizados y 347 personas con lesiones oculares, muchas de ellas de por vida. Dejó 8.812 detenidos, según el Instituto Nacional de Derechos Humanos. Y dejó una factura económica calculada en unos 3.300 millones de dólares en daños a la propiedad pública y privada, con una pérdida estimada de entre 100 mil y 300 mil empleos.

La red de Metro de Santiago —construida durante décadas, con inversión de gobiernos de todos los colores políticos— perdió estaciones completas. Elisa Correa, Laguna Sur, Macul y San Pablo ardieron hasta quedar inutilizables. No fue un incidente aislado ni un exceso puntual. Fue una destrucción sistemática de infraestructura pública que millones de chilenos usan todos los días para ir a trabajar.

Ninguna de estas cifras es un invento de la derecha para desprestigiar una causa legítima. Son datos oficiales, documentados por el propio Estado y por organismos de derechos humanos que en su momento también denunciaron, con toda razón, el actuar de las policías. Reconocer una cosa no obliga a callar la otra.

La promesa que no se cumplió.

El estallido no fue solo destrucción. También fue una promesa: una nueva Constitución que, se dijo entonces, resolvería de raíz el malestar que había explotado en las calles. Chile le dio dos oportunidades a esa promesa.

En septiembre de 2022, el país rechazó la primera propuesta constitucional por 61,89% contra 38,11%. Fue un texto redactado por una convención de mayoría de izquierda. En diciembre de 2023, Chile rechazó también la segunda propuesta, esta vez redactada por un consejo de mayoría de derecha, por 55,76% contra 44,24%.

Dos convenciones. Dos textos completamente distintos entre sí. Dos rechazos contundentes. El país que supuestamente exigía una refundación completa terminó prefiriendo, dos veces seguidas y por márgenes claros, la Constitución que ya tenía —reformada, pero no reemplazada.

Lo que sí cambió.

Sería igual de deshonesto decir que no cambió nada. El malestar de 2019 —desconfianza en las pensiones, percepción de abuso en sectores como la salud y la educación, sensación de desigualdad— era real y en gran medida seguía sin respuesta cuando explotó. Ese malestar no se resolvió con un proceso constituyente, pero sí terminó reordenando el mapa político chileno: la desconfianza hacia la clase política tradicional, de ambos sectores, es hoy más alta que en 2019, no más baja. Y la elección de Kast en 2025 se explica, en buena parte, como una reacción a esos siete años de promesas de refundación que no llegaron a ningún lado concreto.

Por qué conviene recordarlo bien.

A siete años de distancia, la discusión ya no debería ser si el estallido tuvo o no causas reales —las tuvo—. La discusión honesta es otra: ¿valió la pena la factura que se pagó, en vidas, en vista, en empleos y en infraestructura pública, para terminar exactamente donde se empezó en materia constitucional? Los números de este artículo no responden esa pregunta por el lector. Pero sin esos números, la pregunta ni siquiera se puede hacer bien.

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La Leyenda Negra: por qué la izquierda latinoamericana reescribe el 12 de octubre. https://circulandoporladerecha.com/2026/10/12/leyenda-negra-12-octubre-marcelo-gullo/ Mon, 12 Oct 2026 06:09:00 +0000 https://circulandoporladerecha.com/?p=1259 Cada 12 de octubre se repite el mismo guión. Estatuas abajo. La palabra «genocidio» repetida como un hecho zanjado. Y quien intenta matizar el relato queda automáticamente del lado equivocado de la historia. Pero casi nadie pregunta de dónde salió ese relato. El politólogo argentino Marcelo Gullo Omodeo lleva más de una década haciendo esa […]

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Cada 12 de octubre se repite el mismo guión. Estatuas abajo. La palabra «genocidio» repetida como un hecho zanjado. Y quien intenta matizar el relato queda automáticamente del lado equivocado de la historia. Pero casi nadie pregunta de dónde salió ese relato. El politólogo argentino Marcelo Gullo Omodeo lleva más de una década haciendo esa pregunta incómoda. Su respuesta tiene nombre: la Leyenda Negra.

Una campaña de marketing político, no un consenso historiográfico.

Gullo es tajante: la Leyenda Negra «fue la obra más genial del marketing político británico». No nació de un examen de conciencia progresista contemporáneo. Nació de la rivalidad geopolítica del siglo XVI y XVII, cuando Inglaterra y Holanda competían con España por el dominio imperial. Ambas potencias necesitaban desprestigiar a España. Para lograrlo, tomaron la obra polémica de fray Bartolomé de las Casas y la distorsionaron. Las Casas era un fraile español que denunciaba abusos dentro del propio debate español sobre el trato a los indígenas. Inglaterra y Holanda convirtieron ese texto interno en munición propagandística contra España como potencia rival.

La ironía, señala Gullo, es que esos mismos imperios tienen historiales coloniales que casi nadie juzga con el mismo rasero. Inglaterra dejó reservas indígenas empobrecidas en Norteamérica y practicó segregación racial sistemática. Holanda y Bélgica protagonizaron algunos de los episodios coloniales más brutales que documentan la historia de África. La Leyenda Negra no sobrevivió porque era la versión más precisa de los hechos. Sobrevivió porque quienes competían con España tenían el aparato de propaganda y editorial para instalarse durante siglos.

El argumento que Gullo pone sobre la mesa: comparar, no idealizar.

Gullo no pretende que la conquista española fuera un proceso sin violencia ni abusos. Eso sería tan deshonesto como el relato que combate. Su argumento es otro: comparado con otros imperios de la época, el modelo español tiene rasgos que la Leyenda Negra omite sistemáticamente.

España nunca trató jurídicamente a América como colonia en el sentido moderno. La trató como extensión de la propia Corona. Por eso fundó más de treinta universidades en el continente: Santo Domingo, San Marcos de Lima, México. Harvard nació en 1636 con apenas unos miles de libros. El Colegio de San Pablo, en Lima, llegó a tener cerca de 45.000. La Corona también impulsó activamente el mestizaje, justo lo opuesto a la segregación racial que practicaron las potencias anglosajonas en sus propios territorios.

Sobre el punto más sensible —la caída demográfica de la población originaria— Gullo se apoya en el historiador Ángel Rosenblat. Rosenblat atribuye la mayor parte de esa mortalidad a enfermedades, no a una violencia sistemática y deliberada equivalente al genocidio. Hay que decirlo con honestidad: esta tesis genera debate, y no todos los historiadores la comparten. Pero es exactamente ese debate el que la palabra «genocidio» impide tener, porque muchos la tratan como un hecho zanjado.

De propaganda imperial a herramienta política actual.

Lo más relevante del trabajo de Gullo no es la disputa historiográfica del siglo XVI. Es lo que documenta después. En el siglo XX, corrientes indigenistas con financiamiento e influencia soviética heredaron y reciclaron esa Leyenda Negra. La usaron para un objetivo político concreto: fragmentar la identidad hispanoamericana compartida y debilitar la cohesión nacional de la región. Gullo traza una línea entre esa narrativa y movimientos separatistas contemporáneos —dedica buena parte de su libro al caso catalán—. Ambos usan la misma lógica: presentar la historia común como una imposición colonial ajena, para justificar la ruptura.

Esa lógica también aparece en el debate chileno actual. Aparece cada vez que alguien cuestiona la legitimidad del Estado nación en nombre de la «descolonización». Aparece cuando alguien presenta el pasado prehispánico como una utopía que la violencia española interrumpió. Pero eso omite algo: las sociedades originarias de América —aztecas y otras— también practicaban sacrificios rituales y guerras de conquista entre sí. Ese dato rara vez entra en el relato romantizado.

Lo que este 12 de octubre debería significar.

No se trata de reemplazar un mito por otro. Tampoco de pedirle a nadie que celebre la conquista sin matices. Se trata de algo más simple: dejar de tratar la Leyenda Negra como historia zanjada. En el fondo es propaganda de guerra del siglo XVI. Y sigue cumpliendo, siglos después, la misma función para la que nació. Debilitar a Hispanoamérica desde adentro. Presentar su propio origen como una vergüenza de la que solo puede liberarse rompiendo lo que la une.

Este 12 de octubre, antes de compartir la próxima consigna sobre «genocidio» y «colonialismo», vale la pena hacer una pregunta. Es la misma que Marcelo Gullo lleva años haciendo: ¿quién se beneficia de que sigamos creyendo esa historia sin revisar?

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Técnicas de Manipulación Política: la Ventana de Overton y cómo se mueve el centro. https://circulandoporladerecha.com/2026/10/05/ventana-overton-centro-politico-chile/ Mon, 05 Oct 2026 06:04:00 +0000 https://circulandoporladerecha.com/?p=1255 Hay una pregunta que casi nadie se hace en política: ¿por qué una idea que hace diez años sonaba extrema hoy la defienden hasta los moderados? La respuesta tiene nombre técnico: la Ventana de Overton. Y entenderla es la mejor vacuna contra la sensación de que «el país cambió de la noche a la mañana» […]

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Hay una pregunta que casi nadie se hace en política: ¿por qué una idea que hace diez años sonaba extrema hoy la defienden hasta los moderados? La respuesta tiene nombre técnico: la Ventana de Overton. Y entenderla es la mejor vacuna contra la sensación de que «el país cambió de la noche a la mañana» cuando, en realidad, alguien llevó meses o años empujando en esa dirección.

Esta es la cuarta entrega de nuestra serie sobre técnicas de manipulación política. Ya vimos la Caja China, la Infoxicación, el Hombre de Paja y el Ad Hominem. Hoy toca una técnica distinta: no se trata de manipular un argumento puntual, sino de mover el terreno completo donde se dan todos los argumentos futuros.

Qué es la Ventana de Overton.

El concepto lo formuló el analista estadounidense Joseph Overton en los años 90. La idea es simple: en cualquier momento histórico, existe un rango de políticas públicas que la sociedad considera «aceptables» para discutir en serio. Todo lo que queda fuera de ese rango se percibe como radical, impensable o directamente peligroso.

Lo importante —y lo que casi nadie explica— es que esa ventana se mueve. Y se mueve porque alguien, deliberadamente, empieza a defender posiciones más extremas que las actuales. Eso no logra que la sociedad adopte esa posición extrema de inmediato, pero sí logra algo más sutil: hace que la posición «moderada» de ayer empiece a parecer razonable en comparación, y la posición que antes ocupaba el centro se corra hacia donde estaba el extremo.

No hace falta convencer a nadie de la idea extrema. Basta con ponerla sobre la mesa para que todo lo demás se reacomode a su alrededor.

Un ejemplo chileno que casi nadie discute como lo que es.

Miremos la migración. Hace apenas siete u ocho años, hablar de cerrar pasos fronterizos no habilitados, construir zanjas o desplegar militares en la frontera norte era, para buena parte del espectro político chileno —incluida buena parte de la izquierda gobernante de entonces—, una postura marginal, asociada a sectores duros.

Hoy, gobiernos de distinto signo han normalizado exactamente ese tipo de medidas: se construyeron zanjas en Colchane bajo administraciones que en 2018 habrían calificado esa idea de extrema, se declararon estados de excepción en zonas fronterizas, y el debate público ya no es «¿hay que controlar la frontera?» sino «¿cuánto control es suficiente?». La ventana se movió. Y se movió sin que hiciera falta un plebiscito sobre el tema: bastó con que la posición «dura» se instalara en el debate público el tiempo suficiente para correr el centro.

Esto no es, en sí mismo, ni bueno ni malo —puede reflejar simplemente que la realidad cambió y la política se ajustó a ella. El punto de este artículo no es juzgar si ese movimiento particular fue acertado, sino mostrar el mecanismo: quien logra instalar una idea «extrema» en la conversación pública, aunque pierda esa batalla puntual, gana la guerra de fondo, porque corre el punto de referencia desde el cual se mide todo lo demás.

Cómo se reconoce cuando alguien está moviendo la ventana.

Hay señales típicas: propuestas presentadas primero como «solo para generar debate», uso reiterado de una idea en columnas de opinión y paneles de televisión aunque nunca llegue a votarse, comparaciones que hacen ver una postura moderada como «de centro» simplemente porque existe algo más radical al lado, y —muy importante— el silencio de quienes deberían disputar el terreno pero prefieren no gastar capital político en una batalla que perciben como ya perdida.

Esto se aplica en ambas direcciones del espectro político, y cualquier análisis honesto tiene que decirlo así: la izquierda ha movido exitosamente la ventana en temas como matrimonio igualitario o la despenalización del aborto en tres causales, instalando primero la conversación como «extrema» y logrando, en un plazo de años, que posiciones antes minoritarias se volvieran mayoritarias. La derecha lo ha hecho en temas de seguridad y migración, como vimos arriba. No es una técnica de un bando: es una técnica de quien tiene una estrategia de largo plazo y la ejecuta con paciencia, mientras el otro lado reacciona coyuntura a coyuntura.

Por qué esto nos debería importar.

Entender la Ventana de Overton no sirve para «ganarle» al otro lado —sirve para participar del debate público con los ojos abiertos. La próxima vez que una idea le parezca «impensable», vale la pena preguntarse: ¿es impensable porque es mala, o simplemente porque todavía no ha entrado en la conversación el tiempo suficiente como para que deje de sonar extraña? Y la próxima vez que una posición le parezca «de sentido común», vale la pena preguntarse quién trabajó, durante cuánto tiempo, para que sonara así.

La política no se mueve solo con votos el día de la elección. Se mueve, sobre todo, con la conversación de todos los días anteriores.

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El Hombre de Paja del 11 de septiembre https://circulandoporladerecha.com/2026/09/21/hombre-de-paja-11-septiembre-falacia/ Mon, 21 Sep 2026 05:14:00 +0000 https://circulandoporladerecha.com/?p=1207 El truco Cada año, cuando alguien intenta discutir seriamente qué pasó con la economía chilena entre 1973 y 1990, aparece la misma respuesta: «estás celebrando la dictadura». Es un hombre de paja falacia argumentativa de manual — se reemplaza el argumento real (qué modelo económico funcionó y por qué ningún gobierno posterior lo revirtió) por […]

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El truco

Cada año, cuando alguien intenta discutir seriamente qué pasó con la economía chilena entre 1973 y 1990, aparece la misma respuesta: «estás celebrando la dictadura». Es un hombre de paja falacia argumentativa de manual — se reemplaza el argumento real (qué modelo económico funcionó y por qué ningún gobierno posterior lo revirtió) por una versión más fácil de atacar (que el interlocutor añora los crímenes del régimen), y se derriba esa versión en vez de responder al argumento original.

Por qué funciona

Funciona porque apela a algo real: el dolor genuino de miles de familias chilenas y el hecho documentado de que hubo ejecuciones políticas, desapariciones y tortura. Nadie discute eso — nosotros tampoco lo omitimos en la edición especial de esta semana. El hombre de paja aprovecha esa carga emocional legítima para cerrar una conversación distinta: la de qué política económica sacó a Chile de una inflación de más de 500% anual y por qué la Concertación, gobernando durante veinte años, no desmontó ese modelo.

Son dos preguntas separadas. Se puede sostener con total coherencia que el quiebre institucional de 1973 fue ilegítimo y que el giro económico posterior funcionó. De hecho, es exactamente la posición que tomamos en nuestro artículo de esta semana.

Cómo responder

No hace falta subir el tono ni caer en la misma trampa devolviendo el ataque. Basta con nombrar la maniobra: «yo no estoy defendiendo eso, estoy hablando de otra cosa — ¿Tenés algo que decir sobre la política económica específicamente?». La mayoría de las veces, quien usa el hombre de paja no tiene una respuesta preparada para esa pregunta, porque nunca se propuso responder al argumento real.

Es todo por ahora, nos seguimos viendo la próxima semana, espero también que puedan indagar por sus propios medios si el tiempo entre el trabajo, la esposa y los hijos se lo permiten.

Y recuerda, un adulto es el concepto razonado de lo que le conviene y la izquierda, no le conviene a los héroes de verdad.

Que Dios los bendiga.

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¿QUÉ CELEBRAMOS REALMENTE EL 18 DE SEPTIEMBRE? https://circulandoporladerecha.com/2026/09/14/que-celebramos-realmente-el-18-de-septiembre/ Mon, 14 Sep 2026 06:12:00 +0000 https://circulandoporladerecha.com/?p=1194 Por Erasmo Avellaneda | Circulando por la Derecha Haga la prueba esta semana. Pregúntele a diez chilenos qué se celebra el 18 de septiembre. Nueve le van a responder que la independencia de Chile. Y nueve van a estar equivocados por ocho años. LO QUE PASÓ ESE MARTES El martes 18 de septiembre de 1810, […]

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Por Erasmo Avellaneda | Circulando por la Derecha

Haga la prueba esta semana. Pregúntele a diez chilenos qué se celebra el 18 de septiembre.

Nueve le van a responder que la independencia de Chile.

Y nueve van a estar equivocados por ocho años.

LO QUE PASÓ ESE MARTES

El martes 18 de septiembre de 1810, en el edificio del Real Tribunal del Consulado de Santiago, se reunió un Cabildo Abierto con alrededor de cuatrocientas personas.

De ahí salió la Primera Junta Nacional de Gobierno. Presidida por Mateo de Toro y Zambrano, con el obispo Martínez de Aldunate como vicepresidente y cinco vocales, entre ellos Juan Martínez de Rozas e Ignacio de la Carrera.

Ahora, el nombre oficial de lo que se creó ese día:

Junta Provisional Gubernativa del Reino a nombre de Fernando VII.

Léalo de nuevo. A nombre de Fernando VII. El rey de España.

Napoleón lo tenía cautivo desde 1808 y había puesto a su hermano José en el trono. Los criollos chilenos no declararon nada contra la Corona: juraron lealtad al rey ausente y se organizaron para administrar el reino mientras él volvía.

La independencia se firmó en Concepción el 1 de enero de 1818, la ratificó O’Higgins en Talca el 2 de febrero, y se juró en Santiago el 12 de febrero, en el primer aniversario de Chacabuco.

Ocho años y cuatro meses después.

ENTONCES, ¿QUÉ ESTAMOS CELEBRANDO?

Algo más profundo que una fecha de independencia, en realidad.

Los criollos invocaron una doctrina precisa, la misma que estaban usando las juntas peninsulares en Sevilla y Cádiz: en ausencia del rey, la soberanía vuelve al pueblo.

Deténgase ahí, porque en esa frase está todo.

No dijeron que el poder quedaba vacante. Dijeron que el poder les pertenecía a ellos, y que lo estaban devolviendo a su origen mientras la autoridad legítima no pudiera ejercerlo.

Un grupo de hombres se reunió, deliberó y decidió libremente darse su propio gobierno. Nadie los obligó y nadie los autorizó.

Eso es lo que celebramos: no el fin de una dominación, sino el primer acto de autogobierno. El momento en que un territorio dejó de esperar instrucciones y empezó a tomar decisiones.

El 18 no conmemora un triunfo. Conmemora un comienzo. Y los comienzos, a diferencia de los triunfos, pueden fracasar.

Este casi fracasó.

LOS ENEMIGOS INTERNOS, VERSIÓN 1814

Aquí está la parte que no se enseña en los actos escolares.

Entre 1810 y 1814, mientras se construía la Patria Vieja, los patriotas chilenos se dedicaron con entusiasmo a destruirse entre ellos. José Miguel Carrera y Bernardo O’Higgins —los dos hombres más capaces del bando independentista— compitieron por el mando con una ferocidad que hoy llamaríamos, sin exagerar, faccionalismo suicida.

Llegaron a enfrentarse militarmente. Entre patriotas.

El resultado llegó en octubre de 1814, en Rancagua. El ejército realista aplastó a un bando dividido y Chile volvió al dominio español durante tres años. Se llama la Reconquista, y fue el período más represivo de todo el proceso.

La república no estuvo a punto de morir por la fuerza del enemigo externo. Estuvo a punto de morir por la incapacidad de sus fundadores de tolerarse unos a otros.

Ese es el primer enemigo interno, y lleva doscientos dieciséis años entre nosotros.

Y DESPUÉS, EL PROPIO O’HIGGINS

La historia tiene un segundo capítulo incómodo.

Bernardo O’Higgins ganó Chacabuco, juró la independencia, ganó Maipú y consolidó la Patria Nueva. Es, con toda justicia, el padre de la patria.

Y en 1823 tuvo que abdicar.

Gobernó con una concentración de poder que la propia elite que lo había apoyado terminó considerando insostenible. El Director Supremo que había liberado al país fue empujado a dejarlo por quienes creían —con razón o sin ella— que la libertad conquistada afuera no podía sostenerse con autoridad ilimitada adentro.

El segundo enemigo interno de una república es la tentación del atajo: la idea de que un hombre providencial resuelve más rápido lo que las instituciones resuelven lento.

Es una tentación permanente, y no distingue de colores políticos. La han sentido gobiernos de izquierda y de derecha, aquí y en todo el continente. Venezuela es el ejemplo extremo de lo que ocurre cuando se cede a ella sin frenos.

LOS MISMOS ENEMIGOS, DOS SIGLOS DESPUÉS

Si uno los traduce al Chile de 2026, siguen siendo tres.

El faccionalismo que confunde adversario con enemigo. Un adversario es alguien con quien compites por el gobierno. Un enemigo es alguien a quien hay que eliminar. Cuando esa distinción se borra —y en Chile se ha borrado más de una vez— la política deja de ser el mecanismo que evita la violencia y pasa a ser su antesala.

El instrumentalismo institucional. Invocar al Tribunal Constitucional, a la Contraloría o a los tribunales cuando fallan a favor, y deslegitimarlos cuando fallan en contra. Lo hemos hecho todos los sectores. Es la forma más eficaz de destruir una república sin dar un solo golpe: basta con enseñarle a la ciudadanía que las instituciones son herramientas de bando.

El atajo caudillista. La convicción de que el problema es que no ha llegado la persona correcta, en vez de que no hemos construido las reglas correctas. Es seductora porque es simple, y es peligrosa por la misma razón.

LO QUE SÍ HAY QUE CELEBRAR

Este jueves millones de chilenos van a comer empanadas, bailar cueca y levantar una copa. Está bien. La patria también se celebra así, y quien desprecie eso no entendió nunca qué significa pertenecer a un lugar.

Pero vale la pena saber por qué se levanta la copa.

No por una victoria militar. No por un documento. Por una decisión.

Cuatrocientas personas se juntaron un martes de primavera y resolvieron que, en ausencia de una autoridad legítima, se gobernarían solas. No sabían si iba a funcionar. Estuvieron a punto de perderlo todo cuatro años después por pelearse entre ellas. Se demoraron ocho años en atreverse a decir en voz alta lo que habían empezado a hacer ese día.

Una república no se hereda. Se sostiene. Cada generación decide si la mantiene o la deja caer, y ninguna puede confiarse en el trabajo de la anterior.

Así que este 18, entre la parrilla y el terremoto, vale la pena recordar que lo que se celebra no es algo que nos dieron.

Es algo que alguien decidió empezar, sin garantías, y que sigue dependiendo de nosotros.

¡Viva Chile!

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11 de septiembre, 53 años después: los números que Chile no debería olvidar. https://circulandoporladerecha.com/2026/09/11/11-septiembre-53-anos-economia-chile/ Fri, 11 Sep 2026 06:05:00 +0000 https://circulandoporladerecha.com/?p=1248 Cada 11 de septiembre, Chile repite el mismo ritual: un bando reivindica, el otro condena, y en el medio queda un país que discute símbolos en lugar de discutir resultados. Cincuenta y tres años después, vale la pena hacer algo que casi nadie hace en esta fecha: mirar los números. No los números de un […]

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Cada 11 de septiembre, Chile repite el mismo ritual: un bando reivindica, el otro condena, y en el medio queda un país que discute símbolos en lugar de discutir resultados. Cincuenta y tres años después, vale la pena hacer algo que casi nadie hace en esta fecha: mirar los números.

No los números de un bando ni del otro. Los del Banco Central, los de la Biblioteca del Congreso, los de los propios organismos del Estado chileno a lo largo de tres décadas de democracia. Porque si algo debería sobrevivir a la polarización de cada septiembre, es la evidencia.

La economía que colapsó

En 1973, Chile no vivía una crisis política aislada: vivía un colapso económico en toda regla. La inflación anual llegó a 606%, la cifra más alta registrada en la historia del país. No era un número abstracto: significaba que una familia veía derretirse el valor de su sueldo entre el día que lo cobraba y el día que hacía la compra de la semana.

Detrás de esa inflación había una causa concreta: el déficit fiscal pasó de -1,4% del PIB en 1970 a -22,9% en 1973, financiado en gran parte con emisión monetaria del Banco Central. El «Plan Vuskovic» combinó alzas salariales del 55%, congelamiento de precios y expansión del gasto público bajo la premisa de que la economía chilena tenía «capacidad ociosa» suficiente para absorberlo. No la tenía. El resultado fue desabastecimiento generalizado, mercado negro y filas que hoy solo recuerdan quienes las vivieron.

En paralelo, la participación estatal en la economía se disparó: del 13% al 85% en minería, del 3% al 40% en la industria, del 24% al 70% en el transporte. No es un juicio ideológico decir esto —son cifras de estatización que cualquier manual de historia económica chilena recoge.

El giro y sus costos.

Lo que vino después —el régimen militar y las reformas de los Chicago Boys— no puede contarse solo en cifras macroeconómicas, y quien lo intente estaría siendo tan deshonesto como quien solo cuenta las cifras de la UP. Chile pagó ese giro con una dictadura, con violaciones a los derechos humanos que están documentadas, juzgadas y que este medio no pretende minimizar ni en esta nota ni en ninguna otra. Ese costo es un hecho histórico, no un punto de vista.

Pero también es un hecho histórico lo que pasó con la economía a partir de mediados de los 70 y, sobre todo, después de la crisis de 1982: control de la inflación, apertura comercial, un sistema de pensiones que —con todos sus defectos, hoy en debate— reemplazó a uno que ya era insostenible, y las bases institucionales (Banco Central autónomo, reglas fiscales) que gobiernos de todos los colores políticos mantuvieron después de 1990, incluidos los de la Concertación.

Lo que muestran tres décadas de democracia.

Ahí está el dato que más incomoda a quien quiere reducir el debate a «dictadura mala, todo lo anterior bueno»: ningún gobierno democrático posterior a 1990 —ni el de Aylwin, ni el de Lagos, ni el de Bachelet, ni el de Boric— desmontó el modelo económico heredado. Lo ajustó, le agregó red social, discutió sus límites, pero no volvió a la economía estatizada y con inflación de tres dígitos de 1973.

Y los resultados de sostener ese modelo, con matices, durante 35 años de democracia están a la vista: la pobreza pasó de cerca del 40% de la población a comienzos de los 90 a menos del 7% en las mediciones más recientes. Chile llegó a ser, según distintos organismos internacionales, uno de los países con menor pobreza de América Latina. Ese resultado no se lo debemos a Allende ni al Plan Vuskovic. Se lo debemos a un modelo que, guste o no, nació de las reformas posteriores a 1973 y que la propia izquierda gobernante decidió no revertir cuando tuvo el poder para hacerlo.

¿Por qué esto importa hoy?

No se trae esto a colación por nostalgia con una fecha que para muchos chilenos sigue siendo dolorosa. Se trae porque hoy, con el gobierno de Kast enfrentando presión desde distintos flancos para intervenir más la economía, vale la pena recordar qué pasa cuando el Estado decide que puede fijar precios mejor que el mercado, gastar más de lo que recauda y estatizar sectores completos «por el bien del pueblo». Ya lo hicimos una vez. Terminó en 606% de inflación y en un país que se quedó sin nada que repartir.

La memoria del 11 de septiembre no tiene por qué ser solo la de los símbolos. También puede —y quizás debería— ser la memoria de los números. Esa es la que casi nadie quiere discutir en esta fecha, y es exactamente la que Chile necesita no olvidar.

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¿PUEDE VENEZUELA RECUPERARSE? EL MODELO ECONÓMICO QUE NECESITA https://circulandoporladerecha.com/2026/07/20/puede-venezuela-recuperarse-el-modelo-economico-que-necesita/ Mon, 20 Jul 2026 06:39:00 +0000 https://circulandoporladerecha.com/?p=1141 Hay preguntas que parecen retóricas pero que en realidad son urgentes. ¿Puede Venezuela recuperarse? La respuesta corta es: sí, puede. La respuesta honesta es: depende de que haga exactamente lo contrario de lo que hizo durante los últimos veinticinco años. Y eso, en un país donde el chavismo construyó no solo un modelo económico sino […]

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Hay preguntas que parecen retóricas pero que en realidad son urgentes. ¿Puede Venezuela recuperarse? La respuesta corta es: sí, puede. La respuesta honesta es: depende de que haga exactamente lo contrario de lo que hizo durante los últimos veinticinco años. Y eso, en un país donde el chavismo construyó no solo un modelo económico sino una identidad política completa alrededor de él, no es un detalle menor. Es el nudo gordiano de todo lo que viene.

El punto de partida: una catástrofe sin guerra

Para entender qué modelo necesita Venezuela, hay que entender primero desde dónde parte. Y el punto de partida es devastador. Bajo Maduro, Venezuela atravesó una recesión que se prolongó de 2014 a 2021 y que provocó una contracción del 75,2% del PIB — un porcentaje nunca visto en un país sin conflicto armado. Para poner esa cifra en perspectiva: ninguna economía en tiempos de paz ha destruido tres cuartas partes de su producto en tan poco tiempo. Ni la Gran Depresión americana llegó a eso. Proceso

El país más rico en petróleo y su gente comiendo de la basura gracias al Socialismo del Siglo XXI

Cuando Maduro asumió la presidencia, Venezuela producía 2,8 millones de barriles de petróleo al día. En 2025 produjo 900.000 barriles diarios: tres veces menos. El PIB per cápita cayó de unos 15.500 dólares a aproximadamente 2.500 dólares actuales. La deuda externa total, estimada entre 150.000 y 170.000 millones de dólares, supera el 180% del PIB. Y todo esto en el país con las mayores reservas de crudo del planeta: unos 303.000 millones de barriles. Proceso + 3

Eso es lo que el socialismo del siglo XXI logró: la quiebra total de la nación más petrolera del mundo. No es una paradoja. Es la consecuencia lógica y predecible de un modelo que destruyó la propiedad privada, expropió empresas, eliminó los incentivos productivos y convirtió al Estado en el único actor económico relevante — y en el más ineficiente de todos.

Lo que no funcionó y nunca funcionará

Hay que decirlo sin diplomacia: el modelo chavista no falló por las sanciones, no falló por la conspiración imperialista, no falló por la caída del precio del petróleo. Falló porque estaba diseñado para fallar. Un sistema que fija precios por decreto, que expropia a quien produce, que financia el gasto público imprimiendo moneda y que subordina la economía a la lealtad política no puede generar riqueza. Solo puede distribuir pobreza.

Estimaciones independientes sitúan la inflación en 600%, el bolívar sigue depreciándose y la amplia brecha cambiaria continúa distorsionando los precios en toda la economía. El 70% de los hogares venezolanos vive en situación de pobreza total en 2026. El 39% de los hogares reportó cortes de luz diarios por varias horas en 2025, el peor registro desde que se comenzó a medir ese indicador. Y Venezuela creció algo en los últimos años, sí — pero ese crecimiento no se tradujo en mejora de los servicios públicos ni en reducción de la pobreza multidimensional, que se mantiene en 55%. TradingView + 2

Ese es el legado. No las sanciones. El modelo.

El modelo que Venezuela necesita

La caída de Maduro abre una ventana que no estará abierta indefinidamente. La señal económica más contundente del nuevo escenario ha sido la rápida aprobación de una nueva Ley de Hidrocarburos que rompe con el modelo estatista dominante desde la era de Hugo Chávez. Es un primer paso correcto. Pero un primer paso no es un modelo. Universidad de Navarra

Lo que Venezuela necesita es conocido, probado y políticamente difícil: apertura real a la inversión extranjera con garantías jurídicas creíbles; privatización de empresas estatales quebradas; liberalización de precios y tipo de cambio; dolarización formal que ancle la economía y elimine la tentación del financiamiento monetario del déficit; y reconstrucción del Estado de derecho como condición sine qua non para que alguien invierta un solo dólar en el país.

Los propios venezolanos lo entienden: según el informe Latam Pulse de mayo de 2026, respaldan de manera decidida la dolarización como mecanismo para estabilizar la economía, percibida como una solución técnica indispensable en un país con una inflación cercana al 500% en 2025. No es ideología. Es pragmatismo forjado en el hambre. DIARIO DE CUBA

Las perspectivas no son despreciables si se actúa con decisión. El sector petrolero provee el 87% de las divisas del país, y analistas como Asdrúbal Oliveros estiman una expansión del 30% si se dan señales de apertura y flexibilización. Pero el petróleo solo no alcanza. Según Oxford Economics, incluso bajo escenarios optimistas, Venezuela tardaría una década en recuperar apenas el 50% del PIB que tenía en 2013. Una generación entera pagando la cuenta del socialismo. France 24Bloomberg Línea

La pregunta real

¿Puede Venezuela recuperarse? Sí. ¿Lo hará? Eso depende de una sola cosa: si quienes gobiernan ahora tienen la voluntad — y la valentía — de enterrar el modelo que destruyó el país, o si intentarán administrar el desastre con otro nombre.

La historia de América Latina está llena de transiciones que prometieron cambio y entregaron continuidad con distinto vocabulario. Venezuela no tiene margen para ese lujo. La ventana de oportunidad es estrecha y no se repetirá fácilmente. Universidad de Navarra

El modelo que Venezuela necesita no es misterioso. Ya existe. Funciona. Se llama economía de mercado, propiedad privada, seguridad jurídica y Estado que regula sin ahogar. Lo que no se sabe aún es si habrá liderazgo (que aún no ha aparecido) dispuesto a aplicarlo. Esa es la pregunta que el tiempo responderá — y que los venezolanos, después de veinticinco años de ruinas, no pueden darse el lujo de responder mal.

Es todo por ahora, nos seguimos viendo la próxima semana, espero también que puedan indagar por sus propios medios si el tiempo entre el trabajo, la esposa y los hijos se lo permiten.

Y recuerda, un adulto es el concepto razonado de lo que le conviene y la izquierda, no le conviene a los héroes de verdad.

Que Dios los bendiga.

ERASMO AVELLANEDA MILLÁN

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CHINA EN AMÉRICA LATINA: LA NUEVA CONQUISTA QUE NADIE LLAMA COLONIALISMO https://circulandoporladerecha.com/2026/07/13/un-pueblo-ignorante-es-un-instrumento-ciego-de-su-propia-destruccion/ Mon, 13 Jul 2026 00:34:00 +0000 https://circulandoporladerecha.com/?p=1114 Por Erasmo Avellaneda Millán | Circulando por la Derecha Hay una palabra que la izquierda latinoamericana repite hasta el cansancio: colonialismo. La escuchas cuando hablan de España, de Estados Unidos, del Fondo Monetario Internacional. La escuchas cuando se refieren a las empresas multinacionales europeas, a las bases militares norteamericanas, a los tratados de libre comercio […]

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Por Erasmo Avellaneda Millán | Circulando por la Derecha

Hay una palabra que la izquierda latinoamericana repite hasta el cansancio: colonialismo. La escuchas cuando hablan de España, de Estados Unidos, del Fondo Monetario Internacional. La escuchas cuando se refieren a las empresas multinacionales europeas, a las bases militares norteamericanas, a los tratados de libre comercio con Occidente. Es, para ellos, el origen de todos nuestros males.

Pero hay una conquista que avanza silenciosa, metódica y con cheque en mano, y sobre esa nadie dice una sola palabra.

Se llama China.

El método: no con fusiles, sino con préstamos.

La República Popular China no necesita ejércitos para conquistar territorios. Tiene algo más efectivo: dinero barato con condiciones caras.

El modelo es siempre el mismo. China se acerca a un gobierno latinoamericano —preferiblemente uno con problemas de liquidez, con presidentes populistas ansiosos de inaugurar obras— y le ofrece financiamiento generoso para infraestructura: represas, puertos, carreteras, estadios. El gobierno lo acepta, firma el contrato y anuncia la obra con fanfarria. Lo que no anuncia son las cláusulas.

Esas cláusulas suelen incluir que la obra la construyan empresas chinas con trabajadores chinos traídos desde China, que los insumos se importen desde China, y que en caso de incumplimiento del pago, activos estratégicos del país —puertos, tierras, recursos naturales— queden como garantía.

No es colaboración. Es una trampa con cara de préstamo.

Los números que nadie quiere leer.

Entre 2005 y 2023, los bancos estatales chinos —el Banco de Desarrollo de China y el Banco de Exportación e Importación de China— prestaron más de 138.000 millones de dólares a gobiernos latinoamericanos, según datos del Diálogo Interamericano. Los principales receptores: Venezuela, Brasil, Ecuador y Argentina.

Venezuela, por supuesto, encabeza la lista. El régimen de Hugo Chávez y luego el de Maduro recibieron cerca de 62.000 millones de dólares en financiamiento chino, pagaderos en petróleo. El resultado lo conocemos quienes lo vivimos en carne propia: la industria petrolera venezolana fue drenada para pagar una deuda contraída por una élite corrupta, mientras el pueblo no tenía para comer.

Ecuador, bajo Rafael Correa, entregó el 80% de su producción petrolera futura a cambio de préstamos chinos. Sri Lanka —aunque no es América Latina, el ejemplo es perfecto— tuvo que ceder el puerto de Hambantota en arrendamiento por 99 años cuando no pudo pagar su deuda con Beijing.

¿A eso no le llaman colonialismo?

La presencia militar que nadie menciona

Más allá de la deuda, China está construyendo presencia estratégica en nuestro continente de una manera que debería alarmar a cualquier ciudadano que piense con claridad.

En Chile, la empresa china CSSC compró el puerto de San Antonio en negociaciones que generaron escaso debate público. En Perú, el mega puerto de Chancay —construido y operado por COSCO Shipping, empresa estatal china— se convertirá en el principal hub logístico del Pacífico sudamericano. En Argentina, China tiene una estación espacial de seguimiento en la Patagonia, construida y operada exclusivamente por personal militar chino, sobre la cual el gobierno argentino tiene acceso limitado.

Una estación militar china en suelo argentino. Piénsalo un momento.

Cuando Estados Unidos tiene una base militar en algún país latinoamericano, la izquierda sale a las calles. Cuando China instala infraestructura de uso dual —civil y militar— en nuestros territorios, el silencio es ensordecedor.


El socio preferido de los socialistas

No es casualidad que los países que más han abierto sus puertas a China sean precisamente aquellos gobernados por la izquierda: Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Cuba. Hay una razón ideológica detrás de esto que va más allá del pragmatismo económico.

China representa, para estos gobiernos, la prueba viviente de que el capitalismo de Estado puede funcionar. Es el modelo que admiran en secreto —y algunos en público— porque combina control político absoluto con crecimiento económico. Es el socialismo que no colapsó, al menos no todavía, al menos no de manera visible.

Lo que no cuentan es que ese «milagro» se construyó sobre 1.400 millones de personas sin libertad de expresión, sin sindicatos independientes, sin propiedad privada real, con un sistema de crédito social que premia la obediencia y castiga la disidencia. El precio del «modelo chino» es la esclavitud ordenada.


¿Qué podemos hacer?

La primera respuesta es la más difícil y la más importante: informarnos y hablar. La penetración china en América Latina avanza porque se hace en silencio, porque los medios afines a la izquierda no tienen incentivo en cubrir la historia, y porque los ciudadanos comunes no saben lo que están firmando sus gobernantes.

La segunda respuesta es electoral. Los gobiernos que más han entregado soberanía a China son los mismos que sus pueblos eligieron creyendo promesas de «justicia social.» La geopolítica empieza en el voto.

La tercera es exigir transparencia. Todo contrato firmado entre un gobierno latinoamericano y una empresa o banco chino debería ser público, auditado y debatido. La soberanía no se negocia en secreto.

Simón Bolívar, quien conocía bien lo que significa luchar por la independencia, escribió: «Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción.» Hoy esas palabras resuenan con una vigencia que él jamás imaginó.

China no viene con fusiles. Viene con contratos. Y en muchos casos, nuestros propios gobernantes les abren la puerta.

Ya era hora de que alguien lo dijera.


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LA FAMILIA COMO ACTO DE RESISTENCIA POLÍTICA EN EL SIGLO XXI https://circulandoporladerecha.com/2026/07/06/la-familia-como-acto-de-resistencia-politica-en-el-siglo-xxi/ Mon, 06 Jul 2026 01:12:00 +0000 https://circulandoporladerecha.com/?p=1136 Hay una escena que se repite en millones de hogares cada noche y que nadie ha declarado revolucionaria, aunque lo es: una madre que apaga el televisor, sienta a sus hijos a la mesa y les pregunta cómo les fue en el día. Un padre que lee un cuento antes de dormir. Abuelos que transmiten […]

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Hay una escena que se repite en millones de hogares cada noche y que nadie ha declarado revolucionaria, aunque lo es: una madre que apaga el televisor, sienta a sus hijos a la mesa y les pregunta cómo les fue en el día. Un padre que lee un cuento antes de dormir. Abuelos que transmiten memoria, valores, sentido de pertenencia. Una familia que come junta, que reza junta, que discute y se reconcilia y vuelve a empezar.

Nada de esto aparece en los titulares. Nada de esto genera tendencia en redes sociales. Y sin embargo, en el contexto cultural y político del siglo XXI, formar una familia estable, criarla con intención y defenderla como institución es uno de los actos más subversivos que un ciudadano puede cometer.

El ataque que no se llama ataque

Para entender por qué la familia es hoy resistencia, hay que entender primero contra qué resiste. No hay un manifiesto firmado, no hay un decreto oficial, no hay un enemigo con rostro. Hay algo más efectivo que todo eso: una cultura que desmantela la familia por acumulación, por fatiga, por ridiculización.

Debemos recuperar el modelo de familia tradicional, no es un capricho, es supervivencia.

Se nos dice que el matrimonio es una institución obsoleta. Que los hijos son una carga, una opción entre muchas, un proyecto postergable indefinidamente. Que la maternidad limita a la mujer y la paternidad es una construcción social negociable. Que el amor romántico es una trampa del patriarcado. Que la familia nuclear es un modelo entre otros, no necesariamente superior. Y que quien defiende todo lo contrario es, en el mejor de los casos, un nostálgico; en el peor, un reaccionario.

Este relato no se impone con violencia. Se instila. A través de series, algoritmos, currículos escolares, discursos académicos y políticas públicas que tratan al individuo como átomo autosuficiente y a la familia como una variable más, prescindible, reemplazable por el Estado cuando falla o cuando simplemente incomoda.

El resultado está a la vista. Tasas de natalidad en caída libre en todo Occidente. Matrimonios que se posponen o no llegan. Soledad epidémica entre jóvenes y ancianos. Una generación entera que creció con pantallas como padres sustitutos y que hoy no sabe bien qué significa pertenecer a algo más grande que uno mismo.

Lo que la familia hace que nadie más puede hacer

Aquí está el núcleo del argumento, y conviene decirlo sin rodeos: la familia no es solo un arreglo sentimental ni una tradición cultural. Es la institución más eficiente que la humanidad ha inventado para transmitir valores, generar capital social y producir ciudadanos capaces de vivir en comunidad.

Ningún Estado, por benevolente que sea, puede reemplazar lo que hace un padre presente. Ninguna política pública puede sustituir lo que transmite una madre que ama con exigencia. Ningún programa de cohesión social reproduce lo que genera crecer con hermanos, con abuelos, con la certeza de que hay personas que te quieren no por lo que produces sino por lo que eres.

La familia es donde se aprende a obedecer antes de mandar, a ceder antes de exigir, a perdonar antes de juzgar. Es donde se forja el carácter, no como abstracción, sino en el conflicto cotidiano y pequeño de compartir una vida con otros. Es, en definitiva, la escuela de humanidad más antigua y más efectiva que existe.

Y precisamente porque es tan poderosa, precisamente porque forma personas con identidad, con raíces, con criterio propio, es una amenaza para cualquier proyecto que necesite individuos solos, dependientes, fácilmente moldeables por el poder.

Resistir es fundar

Formar una familia hoy, en el contexto cultural que vivimos, requiere algo parecido al coraje. Requiere nadar contra una corriente que premia la autonomía sin límites y sospecha de todo compromiso permanente. Requiere decir, en voz alta o en silencio, que hay cosas que valen más que la comodidad personal. Que el amor no es un contrato rescindible a conveniencia. Que los hijos no son un accesorio del proyecto de vida sino el proyecto de vida mismo.

Requiere también resistir la tentación de la familia perfecta de Instagram: esa construcción curada, sin conflicto, sin barro, sin las noches de insomnio y las discusiones que no se resuelven en una frase. La familia real es imperfecta por definición, porque está hecha de personas imperfectas que eligen, día a día, seguir juntas. Y en esa elección cotidiana, discreta y sin aplausos, está la grandeza que el mundo moderno no sabe reconocer.

Cada hijo que nace en un hogar estable es una apuesta por el futuro. Cada matrimonio que persevera es una declaración de que el compromiso tiene sentido. Cada mesa familiar donde se conversa, se discrepa y se vuelve a reír es un pequeño bastión contra la atomización que nos quieren vender como libertad.

Una pregunta para cerrar

¿Qué legado queremos dejar? No en el sentido abstracto de los grandes discursos, sino en el concreto e irreductible de las personas que vendrán después de nosotros. Las que llevarán nuestro apellido o nuestros valores o simplemente el recuerdo de haber sido amadas bien.

La familia no es perfecta. Nunca lo fue. Pero es nuestra. Y defenderla, construirla, sostenerla con convicción en un mundo que la menosprecia es, hoy más que nunca, un acto profundamente político.

Y también, profundamente humano.

Es todo por ahora, nos seguimos viendo la próxima semana, espero también que puedan indagar por sus propios medios si el tiempo entre el trabajo, la esposa y los hijos se lo permiten.

Y recuerda, un adulto es el concepto razonado de lo que le conviene y la izquierda, no le conviene a los héroes de verdad.

Que Dios los bendiga.

ERASMO AVELLANEDA MILLÁN

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EL FIN DE LA GUERRA DE UCRANIA: QUIÉN GANA, QUIÉN PIERDE Y QUÉ VIENE. https://circulandoporladerecha.com/2026/06/29/el-fin-de-la-guerra-de-ucrania-quien-gana-quien-pierde-y-que-viene/ Mon, 29 Jun 2026 06:47:00 +0000 https://circulandoporladerecha.com/?p=1133 Más de cuatro años después de que Vladimir Putin ordenara la invasión a gran escala de Ucrania, el 24 de febrero de 2022, la guerra no ha terminado. Lo que existe hoy es algo más complejo y más revelador que un armisticio: un conflicto en fase de desgaste, con negociaciones estancadas, altos el fuego simbólicos […]

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Más de cuatro años después de que Vladimir Putin ordenara la invasión a gran escala de Ucrania, el 24 de febrero de 2022, la guerra no ha terminado. Lo que existe hoy es algo más complejo y más revelador que un armisticio: un conflicto en fase de desgaste, con negociaciones estancadas, altos el fuego simbólicos que nadie respeta del todo, y un reordenamiento silencioso pero profundo del equilibrio de poder en Europa y en el mundo. Hablar de ganadores y perdedores en este momento no es prematuro; es necesario. Porque mientras los diplomáticos negocian, la geopolítica ya está sacando sus propias conclusiones.

El estado real del conflicto

Moscú controla aproximadamente una quinta parte del territorio ucraniano. El frente se ha estabilizado desde 2023 en una guerra de posiciones, con avances milimétricos y costos humanos brutales para ambos lados. Se estima que hasta principios de 2026 la guerra había causado la muerte de más de 25.000 civiles ucranianos y más de 200.000 soldados entre ambos bandos, generando además la mayor crisis de refugiados en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, con más de 7,3 millones de ucranianos fuera del país y más de 7,1 millones desplazados internamente. MoncloaWikipedia

En mayo de 2026, Trump anunció un alto el fuego de tres días entre Rusia y Ucrania, que coincidió con los festejos del Día de la Victoria, incluyendo un intercambio de prisioneros como primer paso hacia un eventual acuerdo de paz. Moscú y Kiev intercambiaron acusaciones de violaciones, aunque no se registraron grandes ataques. Putin, mientras tanto, aprovechó los desfiles del Día de la Victoria para señalar que el asunto del conflicto ucraniano «estaba llegando a su fin» — la primera indicación real de que su guerra elegida podría avanzar hacia una conclusión. Un analista lo formuló con precisión: ese comentario no era un mensaje de paz. Era un mensaje dirigido a Trump. Tribuna + 2

Las negociaciones formales avanzan sobre el papel. Ucrania y Estados Unidos presentaron un plan de paz revisado en 20 puntos que incluye garantías de seguridad tripartitas, mecanismos de monitoreo del frente y cooperación económica para la reconstrucción, pero que excluye explícitamente las aspiraciones ucranianas de ingresar a la OTAN. En la práctica, sin embargo, las negociaciones cumplen una función distinta a la que cabría esperar: más que un espacio de convergencia, operan como un mecanismo de señalización estratégica, permitiendo a Moscú poner a prueba los límites de las concesiones occidentales y a Washington proyectar una imagen de liderazgo diplomático sin asumir plenamente los costes de un acuerdo desfavorable para Kiev. InformatAgendapublica

Quién gana: Rusia y su paciencia estratégica

Sin eufemismos: Rusia está ganando en términos estratégicos, aunque no haya ganado la guerra militarmente. Putin entró a Ucrania con el objetivo de impedir su integración occidental, neutralizar su vocación atlántica y consolidar una zona de influencia en el este europeo. Todo eso lo ha conseguido, al menos parcialmente. El Kremlin mantiene sus exigencias: que Ucrania renuncie formalmente a unirse a la OTAN y que entregue territorio en el Donbás anexado pero aún no conquistado en su totalidad. Y el plan de paz que circula ya descarta la membresía de Ucrania en la Alianza. Eso, para Moscú, es una victoria política de primera magnitud. Euronews

El tiempo también juega a favor de Rusia. Rusia no tiene incentivos para parar: seguirá avanzando lentamente en el Donbás y bombardeando centros urbanos, mientras Kiev responde con ataques cada vez más osados dentro de Rusia contra infraestructuras energéticas. La economía rusa muestra signos de estrés —inflación, escasez de mano de obra—, pero no de colapso. Y mientras las democracias occidentales debaten, el Kremlin simplemente espera. El Orden Mundial

Quién pierde: Ucrania y la promesa rota de Occidente

Ucrania ha demostrado una capacidad de resistencia que nadie anticipó en febrero de 2022. Su ejército sobrevivió, contraatacó y obligó a Rusia a replantear sus objetivos iniciales. Eso es un logro militar real. Pero los logros militares no se traducen automáticamente en victorias políticas, y en el tablero diplomático actual, Ucrania está siendo presionada a aceptar condiciones que habrían sido impensables cuando el mundo aplaudía su resistencia.

Estados Unidos ha seguido un patrón de diplomacia coercitiva que consiste en negociar con la parte más fuerte —Rusia— y ejercer presión sobre la parte más vulnerable —Ucrania— para que acepte las condiciones, buscando victorias diplomáticas rápidas aunque el costo recaiga sobre un tercero. El plan de 20 puntos no incluye la devolución de territorios ocupados. La membresía en la OTAN está descartada por ahora. Y la reconstrucción del país —con daños que se cuentan en cientos de miles de millones de dólares— depende de financiamiento externo que nadie ha comprometido con claridad. Agendapublica

Ucrania tiene problemas de reclutamiento y una posición cada día más débil en el frente, por lo que no es descartable que acepte un alto el fuego en términos desfavorables. Zelenski lo sabe. La pregunta es cuánto puede resistir antes de que la presión internacional lo obligue a firmar algo que su propia población no está dispuesta a aceptar. El Orden Mundial

El gran perdedor silencioso: Europa

El análisis honesto del conflicto obliga a señalar a Europa como el actor que peor ha gestionado esta crisis. Cuatro años después, el continente sigue sin una política de defensa autónoma coherente, sigue dependiendo de decisiones tomadas en Washington y sigue siendo vulnerable a la guerra híbrida rusa. Pese al aumento del gasto en defensa, la Unión Europea aún está lejos de poder reemplazar las garantías estadounidenses en el corto plazo. Las divisiones internas de la UE limitan su eficacia como actor geopolítico: la exigencia de unanimidad en determinadas decisiones permite que intereses nacionales particulares bloqueen la acción colectiva, erosionando la coherencia de la política exterior europea. SeguritecniaAgendapublica

Europa apostó a que la OTAN y Estados Unidos garantizarían la seguridad del continente indefinidamente. La administración Trump demostró que esa apuesta tiene fecha de vencimiento.

Qué viene: un orden diferente

Lo que viene no es paz. Es congelación. Un conflicto que se estabiliza sobre una línea de contacto que nadie reconoce formalmente pero que todos aceptan en la práctica. Crimea seguirá siendo rusa. El Donbás permanecerá dividido. Ucrania quedará fuera de la OTAN por años, quizás décadas. Y Rusia habrá demostrado que la violación de fronteras soberanas tiene costos, sí, pero costos tolerables.

Desde 2023 el frente se ha estabilizado con avances limitados y un desgaste creciente para ambos bandos. El agotamiento mutuo es real. Pero el agotamiento no produce justicia: produce acuerdos en los que el más débil cede más. Y en este conflicto, el más débil —políticamente, no militarmente— es Ucrania. Asesores Financieros

El verdadero legado de esta guerra no será el mapa que quede al final. Será el precedente: que una potencia nuclear puede invadir a un vecino soberano, soportar sanciones, resistir cuatro años y terminar negociando desde una posición de fuerza. Ese precedente no pasa desapercibido en Taipei, en Seúl, en Varsovia ni en ninguna capital que tenga un vecino con ambiciones territoriales y paciencia estratégica.

La guerra de Ucrania no ha terminado. Pero sus lecciones ya están escritas.

Es todo por ahora, nos seguimos viendo la próxima semana, espero también que puedan indagar por sus propios medios si el tiempo entre el trabajo, la esposa y los hijos se lo permiten.

Y recuerda, un adulto es el concepto razonado de lo que le conviene y la izquierda, no le conviene a los héroes de verdad.

Que Dios los bendiga.

ERASMO AVELLANEDA MILLÁN

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