Más de cuatro años después de que Vladimir Putin ordenara la invasión a gran escala de Ucrania, el 24 de febrero de 2022, la guerra no ha terminado. Lo que existe hoy es algo más complejo y más revelador que un armisticio: un conflicto en fase de desgaste, con negociaciones estancadas, altos el fuego simbólicos que nadie respeta del todo, y un reordenamiento silencioso pero profundo del equilibrio de poder en Europa y en el mundo. Hablar de ganadores y perdedores en este momento no es prematuro; es necesario. Porque mientras los diplomáticos negocian, la geopolítica ya está sacando sus propias conclusiones.
El estado real del conflicto
Moscú controla aproximadamente una quinta parte del territorio ucraniano. El frente se ha estabilizado desde 2023 en una guerra de posiciones, con avances milimétricos y costos humanos brutales para ambos lados. Se estima que hasta principios de 2026 la guerra había causado la muerte de más de 25.000 civiles ucranianos y más de 200.000 soldados entre ambos bandos, generando además la mayor crisis de refugiados en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, con más de 7,3 millones de ucranianos fuera del país y más de 7,1 millones desplazados internamente. MoncloaWikipedia
En mayo de 2026, Trump anunció un alto el fuego de tres días entre Rusia y Ucrania, que coincidió con los festejos del Día de la Victoria, incluyendo un intercambio de prisioneros como primer paso hacia un eventual acuerdo de paz. Moscú y Kiev intercambiaron acusaciones de violaciones, aunque no se registraron grandes ataques. Putin, mientras tanto, aprovechó los desfiles del Día de la Victoria para señalar que el asunto del conflicto ucraniano "estaba llegando a su fin" — la primera indicación real de que su guerra elegida podría avanzar hacia una conclusión. Un analista lo formuló con precisión: ese comentario no era un mensaje de paz. Era un mensaje dirigido a Trump. Tribuna + 2
Las negociaciones formales avanzan sobre el papel. Ucrania y Estados Unidos presentaron un plan de paz revisado en 20 puntos que incluye garantías de seguridad tripartitas, mecanismos de monitoreo del frente y cooperación económica para la reconstrucción, pero que excluye explícitamente las aspiraciones ucranianas de ingresar a la OTAN. En la práctica, sin embargo, las negociaciones cumplen una función distinta a la que cabría esperar: más que un espacio de convergencia, operan como un mecanismo de señalización estratégica, permitiendo a Moscú poner a prueba los límites de las concesiones occidentales y a Washington proyectar una imagen de liderazgo diplomático sin asumir plenamente los costes de un acuerdo desfavorable para Kiev. InformatAgendapublica
Quién gana: Rusia y su paciencia estratégica
Sin eufemismos: Rusia está ganando en términos estratégicos, aunque no haya ganado la guerra militarmente. Putin entró a Ucrania con el objetivo de impedir su integración occidental, neutralizar su vocación atlántica y consolidar una zona de influencia en el este europeo. Todo eso lo ha conseguido, al menos parcialmente. El Kremlin mantiene sus exigencias: que Ucrania renuncie formalmente a unirse a la OTAN y que entregue territorio en el Donbás anexado pero aún no conquistado en su totalidad. Y el plan de paz que circula ya descarta la membresía de Ucrania en la Alianza. Eso, para Moscú, es una victoria política de primera magnitud. Euronews
El tiempo también juega a favor de Rusia. Rusia no tiene incentivos para parar: seguirá avanzando lentamente en el Donbás y bombardeando centros urbanos, mientras Kiev responde con ataques cada vez más osados dentro de Rusia contra infraestructuras energéticas. La economía rusa muestra signos de estrés —inflación, escasez de mano de obra—, pero no de colapso. Y mientras las democracias occidentales debaten, el Kremlin simplemente espera. El Orden Mundial
Quién pierde: Ucrania y la promesa rota de Occidente
Ucrania ha demostrado una capacidad de resistencia que nadie anticipó en febrero de 2022. Su ejército sobrevivió, contraatacó y obligó a Rusia a replantear sus objetivos iniciales. Eso es un logro militar real. Pero los logros militares no se traducen automáticamente en victorias políticas, y en el tablero diplomático actual, Ucrania está siendo presionada a aceptar condiciones que habrían sido impensables cuando el mundo aplaudía su resistencia.
Estados Unidos ha seguido un patrón de diplomacia coercitiva que consiste en negociar con la parte más fuerte —Rusia— y ejercer presión sobre la parte más vulnerable —Ucrania— para que acepte las condiciones, buscando victorias diplomáticas rápidas aunque el costo recaiga sobre un tercero. El plan de 20 puntos no incluye la devolución de territorios ocupados. La membresía en la OTAN está descartada por ahora. Y la reconstrucción del país —con daños que se cuentan en cientos de miles de millones de dólares— depende de financiamiento externo que nadie ha comprometido con claridad. Agendapublica
Ucrania tiene problemas de reclutamiento y una posición cada día más débil en el frente, por lo que no es descartable que acepte un alto el fuego en términos desfavorables. Zelenski lo sabe. La pregunta es cuánto puede resistir antes de que la presión internacional lo obligue a firmar algo que su propia población no está dispuesta a aceptar. El Orden Mundial
El gran perdedor silencioso: Europa
El análisis honesto del conflicto obliga a señalar a Europa como el actor que peor ha gestionado esta crisis. Cuatro años después, el continente sigue sin una política de defensa autónoma coherente, sigue dependiendo de decisiones tomadas en Washington y sigue siendo vulnerable a la guerra híbrida rusa. Pese al aumento del gasto en defensa, la Unión Europea aún está lejos de poder reemplazar las garantías estadounidenses en el corto plazo. Las divisiones internas de la UE limitan su eficacia como actor geopolítico: la exigencia de unanimidad en determinadas decisiones permite que intereses nacionales particulares bloqueen la acción colectiva, erosionando la coherencia de la política exterior europea. SeguritecniaAgendapublica
Europa apostó a que la OTAN y Estados Unidos garantizarían la seguridad del continente indefinidamente. La administración Trump demostró que esa apuesta tiene fecha de vencimiento.
Qué viene: un orden diferente
Lo que viene no es paz. Es congelación. Un conflicto que se estabiliza sobre una línea de contacto que nadie reconoce formalmente pero que todos aceptan en la práctica. Crimea seguirá siendo rusa. El Donbás permanecerá dividido. Ucrania quedará fuera de la OTAN por años, quizás décadas. Y Rusia habrá demostrado que la violación de fronteras soberanas tiene costos, sí, pero costos tolerables.
Desde 2023 el frente se ha estabilizado con avances limitados y un desgaste creciente para ambos bandos. El agotamiento mutuo es real. Pero el agotamiento no produce justicia: produce acuerdos en los que el más débil cede más. Y en este conflicto, el más débil —políticamente, no militarmente— es Ucrania. Asesores Financieros
El verdadero legado de esta guerra no será el mapa que quede al final. Será el precedente: que una potencia nuclear puede invadir a un vecino soberano, soportar sanciones, resistir cuatro años y terminar negociando desde una posición de fuerza. Ese precedente no pasa desapercibido en Taipei, en Seúl, en Varsovia ni en ninguna capital que tenga un vecino con ambiciones territoriales y paciencia estratégica.
La guerra de Ucrania no ha terminado. Pero sus lecciones ya están escritas.
Es todo por ahora, nos seguimos viendo la próxima semana, espero también que puedan indagar por sus propios medios si el tiempo entre el trabajo, la esposa y los hijos se lo permiten.
Y recuerda, un adulto es el concepto razonado de lo que le conviene y la izquierda, no le conviene a los héroes de verdad.
Que Dios los bendiga.
ERASMO AVELLANEDA MILLÁN




