Poder archivos - Circulando por la Derecha https://circulandoporladerecha.com/category/poder/ Sitio de opinión Wed, 23 Sep 2026 20:00:59 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1.3 https://i0.wp.com/circulandoporladerecha.com/wp-content/uploads/2022/12/cropped-favicon-256x256-1.png?fit=32%2C32&ssl=1 Poder archivos - Circulando por la Derecha https://circulandoporladerecha.com/category/poder/ 32 32 212456007 LA PREGUNTA MAL HECHA: ¿DÓNDE ESTÁN LOS VENEZOLANOS DISPUESTOS A MORIR POR SU LIBERTAD? https://circulandoporladerecha.com/2026/09/28/venezuela-transicion-agente-historico/ Mon, 28 Sep 2026 06:01:00 +0000 https://circulandoporladerecha.com/?p=1171 Por Erasmo Avellaneda | Circulando por la Derecha Es una de las preguntas que más he escuchado en estos años, y la he escuchado casi siempre en español chileno, colombiano o español de España. Rara vez en venezolano. ¿Dónde está la gente dispuesta a jugarse la vida? ¿Por qué no salen a la calle? ¿Por […]

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Por Erasmo Avellaneda | Circulando por la Derecha

Es una de las preguntas que más he escuchado en estos años, y la he escuchado casi siempre en español chileno, colombiano o español de España. Rara vez en venezolano.

¿Dónde está la gente dispuesta a jugarse la vida? ¿Por qué no salen a la calle? ¿Por qué aguantan?

Debajo de esa pregunta hay una acusación que casi nunca se dice en voz alta: que los venezolanos no fueron lo suficientemente valientes.

Quiero desarmar esa idea. No por corrección política, sino porque es empíricamente falsa. Y porque mientras sigamos haciendo la pregunta equivocada, no vamos a encontrar la respuesta que importa.

LA RESPUESTA EMPÍRICA

¿Dónde están los venezolanos dispuestos a morir por su libertad?

Muchos están muertos.

Desde 2014, más de 300 personas han sido asesinadas durante manifestaciones en Venezuela. En 2019, Provea registró 61 manifestantes muertos en cinco meses de protestas. Tras las elecciones del 28 de julio de 2024, la misma organización documentó 25 asesinatos en apenas cuatro días.

Un dato que ordena todo lo anterior: durante los veintiún años que abarcan los gobiernos de Carlos Andrés Pérez, Rafael Caldera y Hugo Chávez, murieron en protestas 77 personas. En los primeros seis años de Maduro, la cifra se triplicó.

Otros están presos.

Entre el 29 de julio y el 13 de agosto de 2024 fueron arrestadas más de 2.400 personas, según cifras del propio gobierno. Un promedio de 150 detenciones diarias durante dieciséis días. Foro Penal verificó 2.062 detenidos políticos en el período poselectoral y, al cierre de ese año, al menos 43 personas permanecían en desaparición forzada. Otras 9.000 vivían bajo medidas restrictivas: prohibición de salida, presentaciones periódicas, arraigo.

Human Rights Watch documentó torturas, desapariciones y el rol de los colectivos armados en la represión.

Y hay un dato que conviene leer dos veces: según Foro Penal, más del 95% de los detenidos provenían de comunidades pobres.

No salieron los estudiantes de clase media de Caracas. Salieron los barrios. Los mismos barrios que el chavismo decía representar.

Y más de siete millones se fueron.

La cifra de refugiados y migrantes venezolanos superó los 7,7 millones a nivel mundial. Casi un cuarto de la población del país.

Así que la respuesta a la pregunta es sencilla y está documentada: los venezolanos dispuestos a jugarse la vida están en los cementerios, en las cárceles y en el exilio.

Aparecieron. Muchas veces. Y perdieron.

POR QUE EL CORAJE NO BASTA

Aquí está el punto que incomoda, y es una lección política de primer orden.

Los regímenes de este tipo no caen por acumulación de valentía. Si así fuera, Venezuela sería libre desde 2017.

El coraje ciudadano es una condición necesaria. Nunca ha sido suficiente. Y creer lo contrario nos lleva a un error de diagnóstico que después pagamos caro: si el problema es la falta de héroes, la solución es exigir más héroes. Es decir, exigirle a un padre de familia en Petare que se pare frente a un colectivo armado, mientras nosotros lo aplaudimos desde una pantalla.

Eso no es política. Es consumo de heroísmo ajeno.

ENTONCES, ¿QUIÉN DERRIBA UNA DICTADURA?

La literatura sobre transiciones democráticas es bastante consistente en esto, y contradice la épica.

Las dictaduras rara vez caen por el empuje de la calle sola. Caen cuando la coalición que las sostiene se fractura.

Es decir: cuando los militares calculan que reprimir cuesta más que negociar. Cuando los empresarios que financiaban el arreglo dejan de recibir su retorno. Cuando los cuadros medios del aparato buscan garantías para el día después. Cuando alguien adentro decide que el régimen es peor negocio que la transición.

La calle es la presión. La fractura de la élite es el mecanismo.

Chile en 1988, España en 1976, Polonia en 1989: en los tres casos hubo movilización social, sí, pero el momento decisivo llegó cuando una parte del poder establecido concluyó que la salida ordenada le convenía más que la resistencia.

LA FRACTURA QUE NO OCURRIÓ

Ahora apliquemos esto a enero de 2026.

Maduro no cayó por una fractura interna. Cayó porque un comando extranjero lo sacó de Caracas en cuarenta minutos.

Y esa diferencia lo explica todo.

Cuando la cúpula no se rompe por dentro, sino que se le extrae la cabeza desde afuera, el cuerpo sigue funcionando. Por eso el Tribunal Supremo siguió siendo el mismo. Por eso la Asamblea Nacional sigue presidida por un Rodríguez. Por eso el ministro de Defensa de doce años fue trasladado a la cartera de Agricultura en lugar de a un tribunal.

La élite chavista no se fracturó. Se reacomodó.

Nadie adentro tuvo que calcular nada, porque nadie adentro estuvo en riesgo. Y una élite que no corre riesgo no negocia: administra.

Ahí está el verdadero fracaso de estos siete meses, y no en una supuesta falta de heroísmo popular.

EL AGENTE HISTÓRICO QUE SÍ EXISTE

Si el sujeto de la transición no es el mártir, ¿quién es?

Primero, la parte del régimen que quiera un futuro. Suena repugnante y lo es. Pero toda transición negociada incluye a gente que no merecería estar en la mesa. Chile lo sabe mejor que nadie. La alternativa —justicia total inmediata— garantiza que nadie suelte el poder jamás, porque soltarlo equivale a suicidarse.

Segundo, una oposición capaz de ofrecer garantías creíbles. Esta es la tarea más ingrata y menos épica que existe: diseñar un consejo electoral, negociar plazos, construir un marco de justicia transicional. Nadie transmite eso en vivo. Ahí se juega el país.

Tercero, la diáspora. Y este es el dato más esperanzador de todo el panorama. Una encuesta de ACNUR realizada entre enero y marzo de este año encontró que más de un tercio de los venezolanos desplazados en la región consideraría regresar si mejoraran las condiciones. Un 9% lo haría dentro de un año. Y de quienes ya han retornado, el 80% planea quedarse.

Siete millones de personas con oficio, capital y experiencia de vida en democracias funcionales. Eso no es una tragedia migratoria. Es la mayor reserva de capital humano que tiene Venezuela, y está esperando una sola señal: que valga la pena volver.

Cuarto, una presión internacional sostenida. No episódica. No condicionada al precio del barril.

LA PREGUNTA CORRECTA

Entonces la pregunta no era dónde están los venezolanos dispuestos a morir.

La pregunta es: ¿quién está dispuesto a hacer el trabajo aburrido?

¿Quién negocia el consejo electoral? ¿Quién diseña las garantías que permitan a un general retirado dormir tranquilo sin haber gobernado con impunidad? ¿Quién sostiene la presión cuando ya no hay imágenes dramáticas que compartir?

Y una última, que nos toca a nosotros.

Durante años exigimos coraje a los venezolanos desde la comodidad. Es más fácil pedir mártires ajenos que asumir que la libertad de un país vecino también depende de lo que hagan sus vecinos: qué gobiernos reconocemos, qué presión ejercemos, cómo tratamos a los venezolanos que llegaron a nuestras calles huyendo exactamente de lo que decimos condenar.

Venezuela nunca tuvo escasez de valentía. Tuvo escasez de arquitectura.

Y la arquitectura, a diferencia del martirio, sí se puede construir desde afuera.

Este artículo cierra la reflexión iniciada en «Maduro cayó. El chavismo, no.» y «Siete meses sin Maduro: la transición que no empieza».

Circulando por la Derecha es un blog de opinión política republicana. Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor.

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EL AD HOMINEM: CUANDO INSULTAR REEMPLAZA A REFUTAR. https://circulandoporladerecha.com/2026/08/24/ad-hominem-politica-insulto/ Mon, 24 Aug 2026 06:42:00 +0000 https://circulandoporladerecha.com/?p=1190 Serie: Técnicas de Manipulación Política — Cuarta entrega Por Erasmo Avellaneda | Circulando por la Derecha El miércoles 5 de agosto, en el Senado de la República, dos parlamentarias se gritaron frente a las cámaras. El tema de fondo era grave y legítimo: un grupo de legisladores de derecha había solicitado al presidente Kast el […]

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Serie: Técnicas de Manipulación Política — Cuarta entrega Por Erasmo Avellaneda | Circulando por la Derecha

El miércoles 5 de agosto, en el Senado de la República, dos parlamentarias se gritaron frente a las cámaras.

El tema de fondo era grave y legítimo: un grupo de legisladores de derecha había solicitado al presidente Kast el indulto de uniformados condenados por hechos ocurridos durante el estallido social. Entre ellos, el excapitán de Carabineros condenado a doce años por el lanzamiento de la bomba lacrimógena que dejó ciega a Fabiola Campillai.

Ese es un debate real. Toca la justicia, el perdón, la proporcionalidad de las penas, el rol de la fuerza pública y las heridas abiertas de octubre de 2019. Hay argumentos serios a ambos lados y el país necesita tenerlos.

No se discutió nada de eso.

Se discutió si una era delincuente. Se discutió el origen social de la otra. Se discutió su familia, su capacidad intelectual, su barrio.

Bienvenidos a la cuarta entrega de esta serie.

QUÉ ES EL AD HOMINEM

La estructura es de una simplicidad brutal:

No se refuta el argumento. Se descalifica a quien lo formula.

Y funciona porque explota un atajo mental legítimo. En la vida real sí importa quién habla: le creo más a un cardiólogo sobre el corazón que a mi vecino. El problema aparece cuando ese atajo se usa para no examinar lo que se dijo.

Un argumento es verdadero o falso por su estructura y su evidencia. No por la biografía de quien lo pronuncia.

Si un canalla dice que dos más dos son cuatro, siguen siendo cuatro.

LAS CINCO FORMAS QUE VAS A RECONOCER

1. El abusivo. El insulto directo. «Es un facho». «Es un comunista». «Es una vieja de feria». No agrega información: cierra la conversación.

2. El circunstancial. Se ataca el interés en vez del argumento. «Claro que defiendes eso, si eres empresario». «Dices eso porque te pagan las mineras». Se sustituye la evaluación del argumento por la sospecha sobre el motivo.

3. El envenenamiento del pozo. Se descalifica antes de que el otro hable, para que nada de lo que diga cuente. «Antes de escucharlo, recuerden quién es este señor».

4. El «y tú más». El favorito del debate chileno. «¿Me hablas tú de corrupción?». No responde nada: solo empata la culpa. Aunque el acusador sea un hipócrita, la acusación puede ser cierta.

5. La culpabilidad por asociación. «Eso mismo decía Pinochet». «Ese argumento lo usa el chavismo». Se contamina una idea por quién más la ha sostenido, sin examinarla.

EL CASO DEL 5 DE AGOSTO

Volvamos al Senado, porque el episodio contiene casi todo el catálogo.

Campillai increpó a Flores recordándole que está siendo investigada por fraude al fisco, y la trató de delincuente defendiendo a otro delincuente.

Flores respondió cuestionando al entorno familiar de Campillai, afirmando que tendría hija, nieto y yerno delincuentes, y agregó que la senadora era intelectualmente deficiente. En el intercambio la llamó además «poblacional» y «señora de feria».

Detengámonos en lo que ocurrió ahí, porque es más grave de lo que parece.

La pregunta sobre la mesa era: ¿corresponde indultar a uniformados condenados por hechos del estallido?

Ninguna de las dos la respondió.

Una podría haber argumentado que el indulto vulnera a las víctimas y erosiona las sentencias judiciales. La otra podría haber argumentado que hubo procesos con vicios, penas desproporcionadas o falta de contexto operativo. Ambas posiciones son defendibles y ninguna requiere insultar a nadie.

En cambio, el país se quedó sin ese debate y con dos videos virales.

El ad hominem no solo daña a la persona atacada. Le roba a la ciudadanía la discusión que le pertenecía.

AHORA LA PARTE QUE ME TOCA

Camila Flores es senadora de Renovación Nacional. Es de mi sector.

Y sus dichos fueron los más degradantes del intercambio.

Usar «señora de feria» o «poblacional» como insulto no es un exceso verbal. Es una declaración de principios, y es la contraria a la que decimos sostener. La derecha chilena lleva años —con toda razón— reclamando que se nos caricaturiza como el partido de los ricos, indiferente al chileno común. Después alguien de los nuestros convierte el trabajo en una feria libre en un epíteto, y le entrega esa caricatura servida a nuestros adversarios.

Y ojo, porque el reproche vino desde todas partes. Magdalena Piñera cuestionó públicamente el tono del debate parlamentario tres días después. Le Monde Diplomatique publicó una columna sobre el uso del origen humilde como arma política. Cuando la izquierda y el entorno de Piñera coinciden en que algo estuvo mal, probablemente estuvo mal.

No se puede defender la meritocracia y despreciar a quien trabaja. Es la contradicción más cara que puede cometer nuestro sector.

Que la otra senadora también haya insultado no lo arregla. Eso es exactamente el «y tú más» del punto 4.

CUÁNDO NO ES FALACIA

Aquí está la distinción fina, y la mayoría de la gente no la hace.

Señalar quién habla no siempre es un ad hominem.

La clave está en qué tipo de afirmación se está evaluando:

Si alguien te da un argumento —premisas, evidencia, razonamiento— su biografía es irrelevante. Tienes que responderle el argumento.

Si alguien te da un testimonio —»créeme, los datos dicen tal cosa»— su credibilidad sí es pertinente, porque te está pidiendo confianza en lugar de pruebas.

Ejemplo concreto del propio caso: recordar que una parlamentaria está siendo investigada por fraude al fisco es información pública y legítima para evaluar su idoneidad para el cargo. Es información relevante sobre la persona.

Pero no refuta absolutamente nada sobre si un indulto corresponde o no.

Esa es la línea: un conflicto de interés es motivo para verificar un argumento con más rigor. Nunca es motivo para no examinarlo.

POR QUÉ ESTO NOS ESTÁ COSTANDO EL PAÍS

Un sistema político donde el desacuerdo se procesa por descalificación tiene tres consecuencias, y las estamos viviendo todas.

Nadie cambia de opinión jamás. Si discrepar de mí te convierte en despreciable, entonces darte la razón me convierte a mí en despreciable. La rectificación se vuelve imposible.

Se seleccionan los peores. El insulto rinde en redes sociales; el matiz no. Con el tiempo, el sistema promueve a quien mejor humilla, no a quien mejor legisla.

Se destruye la confianza institucional. Cuando dos senadoras se gritan frente a las cámaras, no pierde una de las dos. Pierde el Senado. Y detrás del Senado, la idea misma de que los conflictos se resuelven hablando.

EL ANTÍDOTO

Tres reglas prácticas.

Separa la afirmación de quien la hace. Antes de responder, pregúntate si estás refutando lo que se dijo o a quien lo dijo.

Aplica el estándar hacia adentro primero. Si un insulto de los tuyos te parece un exceso comprensible y el mismo insulto del otro lado te parece una infamia, no tienes un principio: tienes un bando.

Sospecha del que solo insulta. Cuando alguien tiene un buen argumento, lo usa. El insulto suele ser la señal de que no lo hay.

Y cierro con una advertencia sobre esta misma serie.

Después de cuatro entregas, tienes nombres para las trampas: la caja china, la infoxicación, el hombre de paja, el ad hominem.

Ese vocabulario también se puede usar mal. Decir «eso es una falacia, típico de ti» es, en sí mismo, un ad hominem con vocabulario técnico.

Estas herramientas no sirven para ganar peleas. Sirven para no ser usado.

Y la primera persona a la que hay que aplicárselas es a uno mismo.

Es todo por ahora, nos seguimos viendo la próxima semana, espero también que puedan indagar por sus propios medios si el tiempo entre el trabajo, la esposa y los hijos se lo permiten.

Y recuerda, un adulto es el concepto razonado de lo que le conviene y la izquierda, no le conviene a los héroes de verdad.

Que Dios los bendiga.

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EL COBRE NO ES UNA POLÍTICA ECONÓMICA https://circulandoporladerecha.com/2026/08/17/economia-chilena-2026-cobre/ Mon, 17 Aug 2026 06:15:00 +0000 https://circulandoporladerecha.com/?p=1186 El 3 de agosto el Banco Central informó que el Imacec de junio creció 2,4% anual. Chile esquivó por margen mínimo una recesión técnica, después de cinco meses consecutivos de caídas. El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, habló de un punto de inflexión y descartó visos de recesión. El gobierno respiró. Buena parte de nuestro […]

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El 3 de agosto el Banco Central informó que el Imacec de junio creció 2,4% anual. Chile esquivó por margen mínimo una recesión técnica, después de cinco meses consecutivos de caídas.

El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, habló de un punto de inflexión y descartó visos de recesión. El gobierno respiró. Buena parte de nuestro sector celebró.

Yo voté por este gobierno y quiero que le vaya bien. Precisamente por eso voy a escribir lo que sigue.

Ese número no dice lo que se está diciendo que dice.

QUÉ HAY REALMENTE ADENTRO DEL 2,4%

Cuando uno abre el dato, la historia cambia.

El crecimiento se explicó por minería, servicios y comercio. La producción minera repuntó 6,0%. El cobre hizo el trabajo pesado.

Ahora miremos la economía donde vive la mayoría de los chilenos: el Imacec no minero creció 1,4%. Y la producción manufacturera cayó 3,2% en doce meses.

Es decir: el sector que emplea, que agrega valor y que sostiene cadenas de proveedores sigue contrayéndose. Lo que subió fue el precio y el volumen de un metal que se cotiza en Londres y cuya trayectoria no depende de ningún ministro chileno.

Scotiabank ya advirtió que julio volvería a crecer cerca de cero por efectos de El Niño.

Y aquí está el punto que me importa: atribuirse el cobre es exactamente el vicio que le criticamos a la izquierda durante veinte años. Cuando el superciclo financió la expansión del gasto entre 2004 y 2012, nosotros —con razón— dijimos que eso no era mérito de nadie, que era suerte geológica y demanda china. No podemos cambiar de doctrina ahora que el metal juega a favor.

EL MARCADOR QUE IMPORTA SIGUE EN 9,4%

Este gobierno no se eligió prometiendo Imacec. Se eligió prometiendo empleo, orden y reactivación.

La tasa de desocupación del trimestre abril-junio de 2026 fue 9,4%. Exactamente la misma del trimestre móvil anterior.

El propio Banco Central lo describió sin adornos en su reunión de julio: la creación de empleo se mantiene débil y los costos laborales por hora se aceleraron.

Un desempleo estancado en 9,4% con costos laborales subiendo es la peor combinación posible. Significa que el mercado del trabajo no está absorbiendo gente y que contratar se está encareciendo al mismo tiempo.

Ningún dato de actividad compensa eso. Porque el chileno que perdió la pega no lee el Imacec.

LA VARIABLE QUE SE MOVIÓ AL REVÉS

Aquí está lo más incómodo, y casi nadie lo comentó.

Toda la apuesta de la Ley de Reconstrucción Nacional descansa en una cadena: menos impuesto corporativo y certeza tributaria → más inversión → más empleo → más recaudación.

¿Qué pasó con la inversión?

El Banco Central, en su comunicado de política monetaria de julio, señaló que los indicadores de alta frecuencia sugieren que en el segundo trimestre la inversión se desaceleró más de lo previsto.

Más de lo previsto. En el trimestre en que la reforma se tramitaba y su aprobación era altamente probable.

Seamos justos con el contraargumento, porque existe y es serio: el catastro de la Corporación de Bienes de Capital sigue mostrando un panorama positivo para proyectos de inversión en el período 2026-2029. Los efectos tributarios operan con rezagos largos, y juzgar una reforma aprobada en julio con datos de junio sería un disparate.

De acuerdo. Pero entonces vale la simetría: si es muy temprano para juzgar la reforma, también es muy temprano para celebrar el Imacec.

No se puede pedir paciencia para lo malo y aplauso inmediato para lo bueno.

LA PARTE FISCAL, QUE ES LA MÁS GRAVE

Y llegamos a donde este gobierno tiene su promesa más explícita y su brecha más ancha.

Kast llegó al poder comprometiendo contención del gasto público. Revisemos el marcador.

En mayo, el ministro Quiroz presentó el Informe de Finanzas Públicas del primer trimestre y corrigió el déficit fiscal proyectado para 2026 desde 1,8% del PIB —cifra que calificó de inverosímil— hasta 2,9%, que con medidas de ajuste bajaría a 2,4%.

En el mismo informe detectó que la administración anterior no habría incorporado compromisos de deuda por más de US$10.500 millones para el período 2026-2030. Con esa corrección, la deuda bruta del gobierno central cruzaría el umbral prudencial del 45% del PIB en 2028 y llegaría a 46,5% en 2030.

En junio, el presidente firmó un proyecto para elevar en US$6.200 millones el límite de endeudamiento autorizado para 2026.

Y consultado directamente sobre si el gobierno reconocía que no alcanzaría su meta de presupuesto equilibrado, Quiroz respondió: <cite index=»19-1″>»Obviamente, eso es lo que dicen las cifras»</cite>.

Los decretos de recorte suman más de $130 mil millones repartidos en varios ministerios. Es real, es ordenado y es bastante menos de lo prometido.

Un gobierno que baja el impuesto corporativo mientras sube el techo de la deuda está haciendo economía de oferta a crédito.

Es la apuesta de Reagan en 1981, y conviene recordar cómo terminó esa parte de la historia: la reactivación llegó, y el déficit también.

LA HERENCIA ES REAL, Y TAMBIÉN ES UNA COARTADA

Quiero ser justo, porque la crítica fácil aquí sería tramposa.

La omisión de US$10.500 millones en la proyección de deuda es un hecho documentado, grave, y Hacienda instruyó una investigación administrativa. Si se confirma, es una de las irregularidades fiscales más serias en décadas y merece consecuencias.

Recibir una casa con daño estructural oculto es un problema legítimo y no es culpa del que llega.

Pero.

Toda administración entrante en Chile ha denunciado la herencia de la anterior. Sin excepción, gobierno tras gobierno, desde hace treinta años. Y en algún punto —no sé si a los seis meses, a los doce o a los dieciocho— la herencia deja de ser una explicación y se transforma en una coartada.

Si le exigimos a Boric que dejara de culpar a Piñera, tenemos que ponerle un plazo a este gobierno también. Los estándares que solo aplicamos hacia afuera no son estándares. Son propaganda.

LO QUE EL MODELO TODAVÍA NO RESUELVE

Tres cosas, y ninguna se arregla con la tasa corporativa.

Primero, la productividad. Chile lleva más de una década con crecimiento de productividad prácticamente nulo. La rebaja tributaria mejora el retorno de una inversión, pero no mejora la eficiencia con que se usa el capital una vez invertido. Son problemas distintos y solo uno está siendo atendido.

Segundo, la permisología. Un proyecto puede tener certeza tributaria por veinte años y seguir esperando siete para obtener permisos sectoriales. Ese cuello de botella es administrativo, no impositivo, y es donde un gobierno de derecha puede mostrar resultados sin gastar un peso ni pedirle nada al Congreso.

Tercero, el empleo formal. Bajarle impuestos a la gran empresa no genera empleo en la pyme, que es donde trabaja la mayoría. Con costos laborales por hora acelerándose y desempleo en 9,4%, ese es el frente que está sin estrategia visible.

Nada de esto significa que el modelo esté fracasando. Cinco meses no juzgan a ningún gobierno, y la apuesta tributaria tiene una teoría económica seria detrás.

Significa otra cosa, más simple y más urgente: que todavía no hay resultados que celebrar, y que celebrarlos igual nos deja sin autoridad para exigirlos.

La derecha chilena tiene una ventaja histórica en materia económica: durante décadas fuimos los que mirábamos los números en frío mientras el otro lado miraba las intenciones.

Sería una pena perder eso justo ahora, por la comodidad de aplaudir un dato del cobre.

Este artículo da continuidad al balance de los primeros meses de gobierno publicado en julio.

Es todo por ahora, nos seguimos viendo la próxima semana, espero también que puedan indagar por sus propios medios si el tiempo entre el trabajo, la esposa y los hijos se lo permiten.

Y recuerda, un adulto es el concepto razonado de lo que le conviene y la izquierda, no le conviene a los héroes de verdad.

Que Dios los bendiga.

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SIETE MESES SIN MADURO: LA TRANSICIÓN QUE NO EMPIEZA https://circulandoporladerecha.com/2026/08/10/venezuela-transicion-siete-meses/ Mon, 10 Aug 2026 06:08:00 +0000 https://circulandoporladerecha.com/?p=1166 Por Erasmo Avellaneda | Circulando por la Derecha El 3 de enero de este año, fuerzas especiales estadounidenses sacaron a Nicolás Maduro de Caracas en una operación de cuarenta minutos. Venezuela celebró. América Latina celebró. Nosotros celebramos. Siete meses después, conviene hacer una pregunta incómoda: ¿celebramos la caída de un régimen, o la caída de […]

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Por Erasmo Avellaneda | Circulando por la Derecha

El 3 de enero de este año, fuerzas especiales estadounidenses sacaron a Nicolás Maduro de Caracas en una operación de cuarenta minutos. Venezuela celebró. América Latina celebró. Nosotros celebramos.

Siete meses después, conviene hacer una pregunta incómoda: ¿celebramos la caída de un régimen, o la caída de un hombre?

Porque la evidencia acumulada desde entonces apunta, cada vez con más fuerza, a lo segundo.

EL CALENDARIO QUE NADIE CUMPLIÓ

Empecemos por lo más objetivo que existe: una fecha.

Delcy Rodríguez asumió como presidente encargada el 5 de enero, designada por el Tribunal Supremo de Justicia. El artículo 233 de la Constitución venezolana es explícito respecto de los plazos que rigen la falta absoluta del Presidente. Ese plazo —180 días— se cumplió el 3 de julio.

No pasó nada.

La Asamblea Nacional no ha declarado la falta absoluta de Maduro. No ha convocado elecciones. No ha fijado calendario. La ONG Acceso a la Justicia fue directa al describir lo que ocurre desde esa fecha: Venezuela entró en un terreno de «abierta e inédita inconstitucionalidad».

¿Y quién preside esa Asamblea Nacional que no se pronuncia? Jorge Rodríguez. Hermano de Delcy Rodríguez.

El organismo que debe fiscalizar la interinidad está dirigido por el hermano de quien la ejerce. Eso no es un detalle de organigrama. Es la definición misma de lo que estamos mirando.

SEAMOS JUSTOS: LO QUE SÍ CAMBIÓ

Sería deshonesto no reconocerlo, y este blog no está para eso.

Presos políticos: desde el 8 de enero comenzaron las excarcelaciones. Al 8 de marzo se confirmaban 621 liberados. Es una cifra real y son 621 familias que respiran. También se anunció el desmantelamiento de El Helicoide, el centro de detención asociado a denuncias de tortura.

Economía: el gobierno interino eliminó el control cambiario, abrió el sector petrolero a la inversión occidental y reanudó relaciones con el FMI. Después de dos décadas de socialismo del siglo XXI, no es poca cosa.

Ausencia de caos: no hubo guerra civil, no hubo colapso del Estado, no hubo éxodo masivo adicional. La fase de estabilización que planteó Washington funcionó.

Todo eso es verdad. Y todo eso es insuficiente.

Porque más de 500 presos políticos seguían detenidos según Foro Penal. Porque liberar presos no es lo mismo que dejar de tener presos políticos. Y porque una economía puede abrirse sin que se abra un solo espacio de poder.

De hecho, esa es exactamente la historia del chavismo: veintisiete años haciendo concesiones tácticas para conservar lo esencial.

LO QUE NO CAMBIÓ

Miremos la estructura, no los anuncios.

El partido de gobierno sigue siendo el PSUV. El Tribunal Supremo que designó a Delcy es el mismo que legitimó a Maduro. La Asamblea es la misma. El alto mando militar negoció su continuidad.

Vladimir Padrino López, ministro de Defensa desde 2014 y pieza central del aparato represivo, dejó Defensa en marzo… y en abril reapareció como ministro de Agricultura y Tierras.

No fue juzgado. No fue apartado. Fue reubicado.

Cuando el jefe militar de un régimen cambia de escritorio en lugar de cambiar de estatus jurídico, lo que ocurrió no fue una transición. Fue una reorganización interna.

LA PALABRA QUE NADIE QUIERE DECIR: TUTELA

Y aquí llegamos a la parte que a nosotros, en la derecha, más nos cuesta escribir.

El plan de tres fases que anunció el secretario Marco Rubio en enero —estabilización, recuperación, transición— avanzó rápido en las dos primeras y se estancó en la tercera. Y no por accidente.

Este 25 de julio, el presidente Trump declaró que Venezuela no está lista para elecciones y elogió el «trabajo fantástico» de Delcy Rodríguez. En paralelo, su administración solicitó inmunidad judicial para ella ante una corte federal de Florida, en una demanda civil por secuestro y tortura.

Sumemos: petróleo venezolano fluyendo hacia el mercado occidental, estabilidad garantizada, elecciones postergadas indefinidamente e inmunidad gestionada para la heredera del régimen.

Eso tiene un nombre, y no es transición democrática. Es tutela.

Lo digo sin gusto y sin ambigüedad: el interés estratégico estadounidense en la región es legítimo y en general beneficioso para nosotros. Pero cuando una potencia amiga decide que la estabilidad vale más que las urnas, quienes creemos en la libertad tenemos la obligación de decirlo en voz alta. La lealtad geopolítica no puede convertirse en obediencia intelectual.

Y LA NOBEL SIGUE AFUERA

El 1 de agosto se instala la mesa de conversaciones entre el chavismo y sectores opositores, encabezada por Dinorah Figuera, presidente de la Asamblea Nacional electa en 2015.

María Corina Machado —Premio Nobel de la Paz, líder de la oposición, la mujer cuya coalición ganó las elecciones del 28 de julio de 2024— no aparecía en la agenda anunciada por Jorge Rodríguez.

Rubio dijo el 23 de julio que Machado «puede tener un rol». Figuera lo respaldó y ratificó que su papel será fundamental.

Detengámonos en la frase: puede tener un rol.

La ganadora de la elección de 2024, exiliada, tiene que ser autorizada a «tener un rol» en la transición de su propio país. Sigue exigiendo lo mismo desde hace meses: un nuevo Consejo Nacional Electoral, elecciones libres en un plazo máximo de doce meses, y competir contra quien quiera presentarse.

No pide privilegios. Pide una urna.

LO QUE ESTO NOS ENSEÑA A NOSOTROS

Tres lecciones, y ninguna es sobre Venezuela.

Primera: los regímenes no se sostienen en un hombre. Se sostienen en tribunales domesticados, en fuerzas armadas cómplices y en parlamentos capturados. Remover al líder sin desarmar la estructura equivale a cambiarle la cara al problema.

Segunda: la reconstrucción institucional es más lenta y menos épica que la caída. Nadie transmite en vivo la designación de un consejo electoral independiente. Pero ahí, y no en el operativo militar, se juega la libertad de un país.

Tercera: los aliados también deben ser fiscalizados. Aplaudir todo lo que hace un gobierno afín es exactamente el vicio que le criticamos a la izquierda con Cuba y con la propia Venezuela durante veinte años. No repitamos el método con el signo cambiado.

Siete meses después, Venezuela tiene menos presos políticos, más inversión extranjera y ningún calendario electoral.

Tiene un plazo constitucional vencido, una presidente no electa, un parlamento presidido por su hermano y una premio Nobel esperando permiso para volver a su casa.

Maduro está preso. El chavismo está gobernando.

Y mientras eso siga siendo cierto, celebrar sería una forma elegante de rendirse.

Este artículo da continuidad a «Maduro cayó. El chavismo, no.» (junio 2026).

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EL HOMBRE DE PAJA: CÓMO TE HACEN DISCUTIR CONTRA ALGO QUE NADIE DIJO https://circulandoporladerecha.com/2026/08/03/hombre-de-paja-politica/ Mon, 03 Aug 2026 06:08:00 +0000 https://circulandoporladerecha.com/?p=1160 Serie: Técnicas de Manipulación Política — Tercera entrega Por Erasmo Avellaneda | Circulando por la Derecha Hay una forma de ganar todas las discusiones sin ganar ninguna: inventar al rival. No refutas lo que tu adversario dijo. Refutas una versión deformada, exagerada y estúpida de lo que dijo. Y como esa versión es ridícula, la […]

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Serie: Técnicas de Manipulación Política — Tercera entrega Por Erasmo Avellaneda | Circulando por la Derecha

Hay una forma de ganar todas las discusiones sin ganar ninguna: inventar al rival.

No refutas lo que tu adversario dijo. Refutas una versión deformada, exagerada y estúpida de lo que dijo. Y como esa versión es ridícula, la destruyes en tres frases. El público aplaude. Tú te vas convencido de que ganaste.

Pero nunca discutiste con nadie. Discutiste contra un muñeco de paja que armaste tú mismo.

Bienvenido a la falacia más usada del debate político chileno.

QUÉ ES, EXACTAMENTE

El nombre viene del entrenamiento militar. Los soldados practicaban con muñecos de paja: no se defienden, no contraatacan, no razonan. Los partes al medio de un golpe y sientes que sabes pelear.

En el debate público funciona igual. El hombre de paja consiste en sustituir el argumento real del adversario por una caricatura fácil de derribar, y luego derribarla como si fuera el argumento original.

Se construye en tres movimientos:

Primero, se distorsiona. Se toma la posición del otro y se le cambia una palabra clave. «Regular la migración» se convierte en «perseguir migrantes». «Revisar el gasto público» se convierte en «dejar sin salud a los pobres».

Segundo, se lleva al extremo. Se transforma una propuesta acotada en un proyecto total. Ya no es una reforma tributaria: es «entregarle el país a los ricos».

Tercero, se ataca la caricatura. Y aquí viene lo perverso: el ataque suele ser correcto. Claro que perseguir migrantes está mal. Claro que dejar sin salud a los pobres es indigno. El problema es que nadie propuso eso.

EL HOMBRE DE PAJA EN VIVO: LA MEGARREFORMA

No hace falta irse a los libros. Basta con mirar lo que pasó en el Congreso hace nueve días.

La madrugada del jueves 16 de julio, tras más de doce horas de sesión, el Senado aprobó los artículos centrales de la Ley de Reconstrucción Nacional por 26 votos contra 24. El martes 21 la Cámara despachó casi todo el articulado. El corazón del proyecto: bajar el impuesto corporativo del 27% al 23% y garantizar invariabilidad tributaria por veinte años a las grandes inversiones.

Ese es el hecho. Ahora observa cómo se discutió.

El argumento real del gobierno es una cadena causal discutible pero concreta: menor carga tributaria → mayor inversión → más empleo y, eventualmente, más recaudación. Se puede refutar con datos. Se puede cuestionar la elasticidad. Se puede exigir evidencia comparada.

El hombre de paja que se levantó en su lugar fue otro: «le están asegurando los bolsillos a las grandes fortunas». El diputado Gonzalo Winter lo resumió así en la sala: «Hoy día no se vota la reconstrucción, hoy día se votan los recortes».

Fíjate en la operación. Una garantía de estabilidad de tasas —que es lo que la invariabilidad tributaria es— se reformula como un regalo. Y contra un regalo a los millonarios no hay nada que argumentar: solo indignarse.

Nadie tuvo que explicar por qué la cadena causal del gobierno estaría equivocada. Bastó con cambiarle el nombre.

Y AHORA LA PARTE INCÓMODA

Si esta serie sirviera solo para acusar a la izquierda, sería propaganda, no análisis. Así que vamos con el espejo.

La oposición presentó más de mil trescientas indicaciones al proyecto. La respuesta del oficialismo fue instalar una idea: que el único propósito de esas indicaciones era entrampar la tramitación. El propio Presidente lo dijo con una frase que sonó muy bien: «No necesitamos un tsunami de indicaciones, necesitamos un huracán de inversiones».

Es ingeniosa. También es un hombre de paja.

Porque presentar indicaciones es exactamente lo que un parlamentario de oposición debe hacer. Algunas eran obstruccionistas, sí. Otras eran técnicas, legítimas y varias fueron incorporadas. Reducir todas a «obstrucción» evita tener que responderle a las que tenían razón.

Un gobierno que solo escucha la caricatura de sus críticos termina gobernando sin información. Y eso, para quienes creemos en este proyecto, debería preocuparnos más que a nadie.

POR QUÉ FUNCIONA TAN BIEN

Por tres razones, y ninguna es buena.

Porque es barato. Refutar el argumento real de tu adversario exige estudiarlo. Refutar la caricatura exige treinta segundos y buena puntería.

Porque premia la tribu. El hombre de paja no está diseñado para convencer al que piensa distinto. Está diseñado para que los tuyos se sientan inteligentes. Es un servicio de autoestima ideológica.

Porque el algoritmo lo financia. En X, en TikTok, en cualquier red: la versión matizada de un argumento no viaja. La versión deformada e indignante viaja sola. La manipulación no es un accidente del formato. Es su modelo de negocio.

CÓMO DESARMARLO

Cuatro herramientas concretas. No sirven para ganar discusiones. Sirven para no ser usado.

1. Exige la cita. Cuando alguien te diga «la derecha quiere X» o «la izquierda quiere Y», pregunta quién, cuándo y dónde lo dijo. La mayoría de las veces no hay respuesta, porque no hay cita: hay resumen hostil.

2. Reconstruye al adversario en su mejor versión. Antes de refutar a alguien, oblígate a formular su posición de manera que él la firmaría. Si no eres capaz de hacerlo, no entendiste el argumento. Y si no lo entendiste, no puedes refutarlo.

3. Desconfía de tu propia comodidad. Si un argumento contrario te resulta demasiado fácil de destruir, lo más probable es que estés peleando contra un muñeco. Los adversarios reales incomodan. Los de paja, no.

4. Aplícalo hacia adentro primero. El test más honesto no es detectar el hombre de paja del otro. Es detectar el propio.

LO QUE ESTÁ EN JUEGO

Chile viene saliendo de una década de debates envenenados. Tenemos un gobierno nuevo con una agenda ambiciosa y una oposición que va a pelearla en el Tribunal Constitucional. Eso está bien: así funciona una república.

Lo que no está bien es que la discusión se dé entre caricaturas. Que unos discutan contra un gobierno imaginario que quiere hambrear al pueblo, y otros contra una oposición imaginaria que solo sabe sabotear.

Porque cuando todos discuten contra muñecos, nadie gobierna sobre la realidad.

Y la realidad —el desempleo, el estancamiento, la inseguridad, la reconstrucción— no se deja refutar con retórica.

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Los primeros 100 días de Kast: el balance que la derecha debe hacer sin anestesia https://circulandoporladerecha.com/2026/08/03/balance-100-dias-gobierno-kast/ Mon, 03 Aug 2026 05:23:00 +0000 https://circulandoporladerecha.com/?p=1157 Seguridad a medias, economía que no repunta y el gabinetazo más rápido desde el retorno a la democracia. Un recuento honesto de cómo gobierna José Antonio Kast, sin el filtro de la euforia de diciembre. El 14 de diciembre de 2025, José Antonio Kast le propinó a Jeannette Jara una paliza de casi 17 puntos: […]

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Seguridad a medias, economía que no repunta y el gabinetazo más rápido desde el retorno a la democracia. Un recuento honesto de cómo gobierna José Antonio Kast, sin el filtro de la euforia de diciembre.

El 14 de diciembre de 2025, José Antonio Kast le propinó a Jeannette Jara una paliza de casi 17 puntos: 58,16% contra 41,84%. La derecha chilena, acostumbrada a ganar por la angustia del margen estrecho, tuvo esa noche la victoria que llevaba una década esperando.

Han pasado poco más de cuatro meses desde que asumió, el 11 de marzo. Y en Circulando por la Derecha creemos que el mejor favor que le podemos hacer a este gobierno no es aplaudirlo sin mirar los números, sino contarle a nuestra audiencia lo que realmente está pasando en La Moneda. Vamos por partes.

Seguridad: los números buenos que nadie está celebrando

El propio gobierno presentó su balance de gestión al cumplir 100 días: una caída de 11,7% en homicidios y femicidios entre el 16 de marzo y el 7 de junio (comparado con el mismo período de 2025), un 27,1% menos de violaciones y otros delitos sexuales, y 25,5% menos de robos con violencia o intimidación. En la macrozona norte, las detecciones de cruces fronterizos irregulares se desplomaron de 7.032 a apenas 971.

Son cifras que, de ser consistentes en el tiempo, representarían el cumplimiento más literal de la promesa de campaña. El problema es que la ciudadanía no lo está viendo así: según la encuesta Cadem de la segunda semana de julio, la evaluación en delincuencia y narcotráfico —la bandera de campaña por excelencia— cayó ocho puntos hasta un magro 36%, la baja más pronunciada de todas las áreas de gestión.

Parte de la explicación es incómoda para el oficialismo: analistas parlamentarios han documentado que buena parte del plan de seguridad que hoy exhibe el gobierno como propio corresponde a proyectos que ya venían tramitándose desde la administración anterior, a los que Kast simplemente les puso urgencia. Incluso el propio ministro de Seguridad lo reconoció ante el Senado.

La economía: la grieta que no se puede maquillar

Aquí está el verdadero talón de Aquiles. El PIB retrocedió 0,5% respecto al mismo período de 2025, el desempleo llegó a 9,1% —el nivel más alto en cinco años— y la CEPAL proyecta un crecimiento anual que no superaría el 2%, muy por debajo del 4% prometido en campaña.

La eliminación del Mepco trasladó el shock del precio de los combustibles directamente al bolsillo de las familias, presionando la inflación justo cuando el gobierno más necesitaba mostrar alivio económico. El Consejo Fiscal Autónomo advirtió que el plan de Reconstrucción Nacional generará déficits fiscales al menos hasta 2031, con un costo estimado de US$1.800 millones anuales, concentrando cerca del 79% de sus beneficios tributarios en el 1% más rico del país.

No todo es negativo: el 8 de julio se conoció que las exportaciones chilenas superaron por primera vez los US$60.000 millones en un semestre, un dato real de fortaleza que el gobierno debería estar explotando comunicacionalmente mucho mejor de lo que lo ha hecho.

Pero el ánimo ciudadano no miente: un 56% califica negativamente su situación económica personal, la cifra más alta desde marzo de 2014, y ya son 15 semanas consecutivas en que el pesimismo supera al optimismo. Las expectativas de empleo están en su peor nivel desde abril de 2021.

El gabinetazo más rápido desde 1990

El 19 de mayo, a solo 69 días de asumir, Kast hizo lo que ningún presidente había hecho tan temprano desde el retorno a la democracia: sacó a dos ministras de un plumazo. Salieron Trinidad Steinert (Seguridad) y Mara Sedini (vocera de gobierno), ambas desgastadas por errores comunicacionales —el episodio del «Estado en quiebra», un almuerzo privado de Kast con excompañeros de universidad que terminó en oficio de Contraloría y que el propio Presidente calificó como «un error por desconocimiento»— y por la falta de resultados visibles frente a la interpelación que la oposición ya tenía lista.

Entraron Martín Arrau a Seguridad y una nueva arquitectura de «biministros» que concentra más poder en menos manos. Es una señal de pragmatismo, sí. Pero también es la confirmación de que el diseño original del gabinete no funcionó, y que funcionó tan mal que ni siquiera aguantó hasta la Cuenta Pública del 1 de junio, como se planeaba internamente.

Lo único que realmente le está saliendo bien

Si hay un área donde el gobierno respira tranquilo, es la política exterior. Relaciones internacionales (44%) y defensa (44%) son, por lejos, los rubros mejor evaluados en las encuestas. Acuerdos de cooperación antártica y espacial, una posición internacional más asertiva y una agenda de vínculos con gobiernos afines en la región —como la reciente videollamada con la presidenta electa de Perú, Keiko Fujimori— le están dando al gobierno el único terreno donde puede mostrar solidez sin fisuras.

El veredicto: ganar una elección no es lo mismo que gobernar

La aprobación de Kast viene en caída sostenida durante julio: 38%, luego 37% —su peor semana desde el 11 de marzo—, un repunte marginal a 38% y de nuevo a la baja hasta 36% en la tercera semana del mes. La encuesta Criteria lo tiene aún peor: 32% de aprobación, la cifra más baja de todo su mandato.

Aquí es donde tenemos que ser honestos con nuestra propia audiencia. La derecha ganó la elección con el mandato más contundente en dos décadas. Tiene resultados reales y verificables en criminalidad, control fronterizo y comercio exterior. Pero está gastando ese capital político a una velocidad alarmante por errores propios: comunicación desprolija, un gabinete que tuvo que reordenarse antes de los 70 días, y una economía que —guste o no— sigue siendo la vara con la que la mayoría de los chilenos mide a cualquier gobierno, sea del color que sea.

Aplaudir sin mirar los números no le sirve a nadie. Y mucho menos le sirve a una derecha que necesita, más que nunca, demostrar que gobernar bien es posible.

Es todo por ahora, nos seguimos viendo la próxima semana, espero también que puedan indagar por sus propios medios si el tiempo entre el trabajo, la esposa y los hijos se lo permiten.

Y recuerda, un adulto es el concepto razonado de lo que le conviene y la izquierda, no le conviene a los héroes de verdad.

Que Dios los bendiga.

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Maduro cayó. El chavismo, no. https://circulandoporladerecha.com/2026/07/27/maduro-cayo-el-chavismo-no/ Mon, 27 Jul 2026 06:00:00 +0000 https://circulandoporladerecha.com/?p=1150 La pregunta incómoda que la derecha latinoamericana no quiere hacerse El 3 de enero de 2026, a las dos de la mañana, helicópteros de las fuerzas especiales estadounidenses aterrizaron en Caracas y extrajeron a Nicolás Maduro en pijama. Cuarenta minutos duró la operación. Veinticinco años de chavismo, aparentemente, no. En toda América Latina, la derecha […]

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La pregunta incómoda que la derecha latinoamericana no quiere hacerse

El 3 de enero de 2026, a las dos de la mañana, helicópteros de las fuerzas especiales estadounidenses aterrizaron en Caracas y extrajeron a Nicolás Maduro en pijama. Cuarenta minutos duró la operación. Veinticinco años de chavismo, aparentemente, no.

En toda América Latina, la derecha celebró. En los grupos de WhatsApp, en Twitter, en los programas de opinión. «¡Cayó el dictador!», se leía por todas partes. Y yo entiendo el alivio. Lo comparto, en parte. Pero me niego a celebrar antes de tiempo. Porque lo que cayó fue un hombre. No un sistema. Y esa diferencia lo es todo.

Lo que pasó realmente

La Operación Determinación Absoluta fue un éxito militar y policial de la administración Trump. Maduro y su esposa Cilia Flores fueron trasladados a Nueva York, donde enfrentan cargos de narcoterrorismo y conspiración para importar cocaína. El operativo dejó 47 militares venezolanos muertos y 32 agentes cubanos —sí, cubanos, en suelo venezolano, como siempre sospechamos— también abatidos.

El vacío de poder fue ocupado de inmediato por Delcy Rodríguez, vicepresidente de Maduro y parte del núcleo duro del régimen desde su fundación. No hubo transición. Hubo sustitución. El aparato siguió funcionando al día siguiente exactamente igual que antes, con los mismos ministerios, los mismos militares, los mismos colectivos armados en los barrios.

Eso no es una victoria democrática. Es un cambio de capataz.

Lo que no cambió

A seis meses de la captura de Maduro, el balance para los venezolanos de a pie es desolador. El Fondo Monetario Internacional proyecta una inflación del 682% para 2026. El salario mínimo no alcanza para la canasta básica. Los servicios públicos —agua, luz, salud— siguen en el mismo estado ruinoso de siempre. El Tren de Aragua y los colectivos chavistas controlan territorios enteros que el gobierno interino no puede o no quiere recuperar.

Se liberaron 621 presos políticos. Una buena noticia, sin duda. Pero quedan más de 500 detenidos según el Foro Penal, y el aparato represivo —la Sebin, los colectivos, la justicia adicta— permanece intacto. Como señala la ONG venezolana PROVEA: «el miedo no ha terminado de cambiar de bando».

No hay hoja de ruta electoral. No hay fecha para elecciones presidenciales. Rodríguez lleva más de 180 días en el poder —el límite constitucional para un vicepresidente encargado— y nadie parece apurarse. Apenas 2 de cada 10 venezolanos aprueban el proceso actual. El resto siente, con razón, que los cambiaron por nada.

La trampa de Trump y el petróleo

Hay algo que la derecha latinoamericana no quiere decir en voz alta: Trump no capturó a Maduro para llevar la democracia a Venezuela. Lo capturó porque tenía cargos pendientes en tribunales federales, porque el botín de 25 millones de dólares llevaba años publicado, y porque Venezuela tiene petróleo.

Los analistas que siguen el caso más de cerca son categóricos: Washington ha subordinado las promesas de democratización a los intereses energéticos. Mientras haya acceso al crudo venezolano y Rodríguez coopere con la DEA, la presión por elecciones reales puede esperar. Indefinidamente.

Esto no es anticomunismo. Es realpolitik americana de manual. Y la derecha latinoamericana que aplaude sin condiciones está siendo, en el mejor de los casos, ingenua. En el peor, cómplice de otro autoritarismo con mejor prensa.

La pregunta que nadie hace

Hay una pregunta que los conservadores latinoamericanos deberíamos hacernos con más frecuencia y más honestidad: ¿dónde están los venezolanos dispuestos a jugarse la vida por la libertad de su país?

María Corina Machado es la respuesta más clara que existe hoy. Lleva años dentro de Venezuela sabiendo que puede ser encarcelada o eliminada cualquier día. Eso le otorga una autoridad moral que ningún analista desde Bogotá, Santiago o Miami puede comprar. Pero incluso ella ha chocado contra el muro de un aparato que no cede por presión política, por muy valiente que sea quien la ejerce.

Los líderes que lograron transiciones reales en contextos similares —Mandela en Sudáfrica, Havel en Checoslovaquia, Adenauer en la Alemania de posguerra— tenían tres cosas en común: disposición genuina al sacrificio personal, capacidad de construir coaliciones amplias incluyendo a parte del establishment anterior, y paciencia estratégica para no quemar etapas.

Venezuela tiene el diagnóstico. Tiene el plan. Tiene los recursos naturales y una diáspora de millones de personas educadas y con experiencia internacional. Lo que no tiene —todavía— es ese agente histórico dispuesto a entrar al juego político sabiendo que se juega la vida. Y mientras ese agente no aparezca, o no sea respaldado con convicción real por quienes decimos creer en la libertad, las celebraciones seguirán siendo prematuras.

¿Y nosotros qué?

Para Chile, esto no es un asunto lejano. Hay más de 500.000 venezolanos en nuestro territorio. Una transición fallida —o una Venezuela bajo tutela estadounidense con economía en hiperinflación permanente— no detiene ese flujo migratorio. Lo mantiene o lo incrementa.

La derecha chilena que habla de Venezuela todos los días en redes sociales tiene, si es coherente con sus principios, una obligación: exigirle a Trump resultados democráticos verificables, no solo gestos geopolíticos. Cada sanción levantada debe corresponder a un hito concreto: elecciones con fecha, presos liberados, medios abiertos, aparato represivo desmantelado.

Sin esa condicionalidad, la libertad de Venezuela es solo un slogan. Y los slogans, como bien saben los venezolanos, ya los han padecido suficiente.

Y recuerda: «un adulto es el concepto razonado de lo que le conviene» y la Izquierda Internacional, no le conviene al hombre de bien, al Héroe de Verdad.

Que Dios los bendiga.

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BORIC EN SU RECTA FINAL: BALANCE DE UN GOBIERNO QUE PROMETIÓ MUCHO (segunda parte). https://circulandoporladerecha.com/2026/06/15/boric-en-su-recta-final-balance-de-un-gobierno-que-prometio-mucho/ Mon, 15 Jun 2026 05:44:00 +0000 https://circulandoporladerecha.com/?p=1123 Hay una frase que Gabriel Boric repitió hasta el cansancio durante su campaña presidencial: «Si Chile fue la cuna del neoliberalismo, también será su tumba.» Era marzo de 2022. Tenía 36 años. Era el presidente más joven que había tenido Chile. Y llegaba al poder con una promesa enorme: transformar el país desde sus cimientos. […]

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Hay una frase que Gabriel Boric repitió hasta el cansancio durante su campaña presidencial: «Si Chile fue la cuna del neoliberalismo, también será su tumba.» Era marzo de 2022. Tenía 36 años. Era el presidente más joven que había tenido Chile. Y llegaba al poder con una promesa enorme: transformar el país desde sus cimientos.

Cuatro años después, Chile no fue la tumba del neoliberalismo. Fue casi la tumba de la izquierda chilena.

Boric terminó su mandato el 11 de marzo de 2026 con entre 31 y 37% de aprobación, según la encuestadora que uno consulte — Pulso Ciudadano marcó 31,3%, Criteria 34%, Cadem 37% — con un 58% de desaprobación transversal, y con el dudoso honor de encabezar el gobierno peor evaluado desde el retorno a la democracia en 1990. No es una opinión. Es lo que dice el promedio de todas las encuestas disponibles.

El experimento de la izquierda millennial chilena tuvo cuatro años para demostrar que era diferente. Y los datos dicen que no lo fue.

LAS NOTAS DEL ALUMNO

La encuestadora Criteria publicó al final del mandato un cuadro de calificaciones del gobierno de Boric área por área. El resultado es, en términos académicos, una reprobación general. El gobierno obtuvo nota promedio 3,4 — en escala de 1 a 7 — la más baja entre todos los presidentes desde 1990.

Desglosado por área, el cuadro es todavía más contundente:

  • Previsión (pensiones): 3,7
  • Inflación: 3,6
  • Salud: 3,4
  • Empleo: 3,3
  • Inmigración: 2,8
  • Delincuencia: 2,7

Delincuencia e inmigración: las dos notas más bajas. Las dos áreas donde los chilenos más sintieron el fracaso de este gobierno en su vida cotidiana. No es casualidad.

Un 53% de los encuestados calificó el gobierno como «malo o muy malo». Para ponerlo en perspectiva: ni los gobiernos más controversiales de las últimas tres décadas lograron esa cifra.

LOS NÚMEROS QUE NO MIENTEN

Durante la campaña, Boric prometió crear más de 700 mil empleos. Cuatro años después, el número real fue de 560 mil. Déficit de 140 mil puestos de trabajo prometidos que nunca llegaron.

El crecimiento económico promedio del gobierno Boric fue de aproximadamente 1,8% anual — inferior incluso al segundo mandato de Michelle Bachelet, que con su 1,9% ya era considerado el más bajo desde el retorno a la democracia. En otras palabras: Boric logró lo que parecía difícil de lograr: ser económicamente peor que Bachelet II.

La deuda pública cerró en 41,7% del PIB — el nivel más alto desde la recuperación democrática. Chile, un país históricamente reconocido en la región por su disciplina fiscal, terminó este gobierno con las cuentas más comprometidas de su historia reciente.

Y en materia de promesas de programa: según IdeaPaís, el gobierno cumplió el 41,7% de las 587 promesas de su programa. Menos de la mitad. Y eso contando las promesas cumplidas parcialmente. Si uno aplica un criterio estricto, el porcentaje cae todavía más.

LA SEGURIDAD: EL GRAN FRACASO COTIDIANO

Si hay un área donde el fracaso del gobierno de Boric se sintió en la piel de los chilenos, fue la seguridad. Y lo paradójico es que Boric llegó al poder desde una tradición política que históricamente minimizó el problema de la delincuencia, lo trató como consecuencia de la desigualdad y resistió las soluciones de mano dura.

La realidad los atropelló.

Los homicidios en Chile alcanzaron su peak en 2022 — el primer año de Boric — con 1.330 casos. Luego bajaron a 1.249 en 2023 y a 1.207 en 2024. Una caída real del 22,8%, que el gobierno reivindicó como logro. El problema es que esa caída convive con algo que los números no capturan del todo: la percepción de inseguridad alcanzó cifras históricas durante este período. Los chilenos se sienten más inseguros que nunca, independientemente de lo que digan las estadísticas de homicidios.

¿Por qué? Porque la delincuencia mutó. El crimen organizado se instaló con una fuerza inédita. El narcotráfico penetró comunas que antes eran ajenas a ese mundo. Las extorsiones a pequeños comerciantes se volvieron cotidianas. Los robos con violencia escalaron en brutalidad aunque no siempre en cantidad. Los ciudadanos aprendieron a no salir de noche en sectores que antes eran tranquilos.

La nota del ciudadano para el gobierno en esta materia: 2,7. Reprobado con creces.

Y eso que el gobierno promulgó 69 leyes en materia de seguridad — el mayor número desde 1990. Cantidad de leyes, sin embargo, no es lo mismo que eficacia. Cuando se legisla desde el pánico y sin una estrategia coherente, el resultado es ruido normativo sin impacto real.

EL CASO CONVENIOS: EL GOLPE EN EL CORAZÓN

Pero si hay un capítulo que define moralmente a este gobierno, es el Caso Convenios.

Todo comenzó en junio de 2023, cuando se destapó que la Fundación Democracia Viva — vinculada al partido Revolución Democrática, pieza clave del Frente Amplio — había recibido 426 millones de pesos del Ministerio de Vivienda a través de convenios directos sin licitación. Lo que parecía un caso aislado se convirtió en una avalancha: la Fiscalía terminó investigando montos que superan los 89 mil millones de pesos en más de 100 causas abiertas en casi todas las regiones del país.

El daño no fue solo económico. Fue político y moral. Boric había llegado al poder prometiendo una nueva forma de hacer política, más ética, más transparente, más distante de los vicios de la «vieja política». El Caso Convenios le demostró al país que la izquierda millennial tenía los mismos apetitos que la política tradicional que decía combatir. Solo que con menos experiencia para ocultarlos.

El resultado fue brutal: un 72% de los encuestados considera que durante el gobierno de Boric la corrupción aumentó, y su administración obtuvo la peor evaluación en materia de probidad entre todos los gobiernos de los últimos 25 años.

No es poca cosa. Supera en percepción de corrupción incluso a gobiernos que antes eran vistos como el estándar negativo. Para un gobierno que hizo de la ética su principal bandera de campaña, es una derrota histórica.

LO QUE SÍ HIZO

La honestidad intelectual obliga a señalar que el gobierno de Boric no fue solo fracasos. Aprobó la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales — una medida con amplio respaldo ciudadano. Avanzó en algunos aspectos de la reforma de pensiones, aunque sin lograr el acuerdo transversal que habría requerido. Impulsó políticas de salud mental y cuidados que ampliaron coberturas para sectores vulnerables.

Estos logros existen. Son reales. Pero son insuficientes para compensar el peso de los fracasos. Un gobierno no se evalúa solo por lo que hizo, sino también por la magnitud de lo que prometió y no cumplió. Y Boric prometió demasiado.

EL LEGADO: UNA LECCIÓN PARA LA REGIÓN

Escribo esto desde la perspectiva de un venezolano que vive en Chile. Un venezolano que vio de cerca cómo las buenas intenciones de izquierda, sin disciplina fiscal, sin respeto a las instituciones y sin claridad económica, pueden destruir un país en veinte años.

Chile no llegó ni cerca de ese escenario — y eso es en parte mérito de las instituciones que Boric no pudo o no quiso desmantelar. Pero sí fue un experimento costoso. Un experimento que le demostró a la región que el discurso del cambio generacional de izquierda, sin sustento en datos, sin gestión eficiente y sin honestidad sobre los límites del Estado, termina igual que todos los anteriores: en promesas rotas y ciudadanos defraudados.

El 52% de los chilenos, según la última encuesta Cadem, cree que al nuevo gobierno le irá «muy bien o bien». Después de cuatro años de Boric, eso no es solo optimismo. Es alivio.

Chile votó. Chile eligió. Y Chile pagó el precio de aprender, una vez más, que las buenas intenciones sin buena gestión no alcanzan para gobernar.

Dios y Patria.

ERASMO AVELLANEDA MILLÁN

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9 MILLONES DE RAZONES: LA DIÁSPORA VENEZOLANA COMO TESTIGO HISTÓRICO https://circulandoporladerecha.com/2026/06/08/9-millones-de-razones-la-diaspora-venezolana-como-testigo-historico/ Mon, 08 Jun 2026 04:54:00 +0000 https://circulandoporladerecha.com/?p=1104 Por Erasmo Avellaneda Millán Categoría: Venezuela y Diáspora. Hay una pregunta que me hago cada vez que subo a un avión, cada vez que cruzo una frontera, cada vez que escucho el acento venezolano en la boca de un extraño en un supermercado de Santiago: ¿Cómo fue posible? ¿Cómo fue posible que un país con […]

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Por Erasmo Avellaneda Millán Categoría: Venezuela y Diáspora.

Hay una pregunta que me hago cada vez que subo a un avión, cada vez que cruzo una frontera, cada vez que escucho el acento venezolano en la boca de un extraño en un supermercado de Santiago: ¿Cómo fue posible?

¿Cómo fue posible que un país con las reservas de petróleo más grandes del mundo, con tierras fértiles, con gente inteligente, trabajadora y alegre, terminara expulsando a más de nueve millones de sus ciudadanos en apenas dos décadas?

Nueve millones. Permíteme que te deje pensar en eso un momento.

Hecho en Socialismo.

Nueve millones de venezolanos viviendo fuera de Venezuela. Nueve millones de personas que en algún momento tomaron la decisión más difícil de su vida: dejar atrás su tierra, su familia, su historia, y comenzar de cero en un país que no es el suyo. Nueve millones de historias de valor, de dolor, de adaptación y de nostalgia. Nueve millones de testigos de lo que el socialismo es capaz de hacerle a una nación.

Eso no es una estadística. Eso es una condena histórica.

EL ÉXODO MÁS GRANDE DE AMÉRICA LATINA

Para poner las cifras en perspectiva: la diáspora venezolana es hoy la segunda crisis de desplazamiento más grande del mundo, solo superada por la de Ucrania tras la invasión rusa. Supera en número a los refugiados sirios en el peor momento de su guerra civil. Es, sin lugar a dudas, la mayor tragedia humanitaria que ha vivido América Latina en su historia moderna.

Y sin embargo, el mundo la mira con un ojo. La trata como una nota al pie. Como un problema migratorio más, reducible a gráficos, a políticas de frontera, a debates sobre integración.

Lo que el mundo no entiende —o no quiere entender— es que detrás de cada venezolano que cruza una frontera hay una historia que es, al mismo tiempo, personal y política. Hay una familia destruida y hay un modelo ideológico que la destruyó. Hay un sueño truncado y hay un régimen que lo truncó. No puedes separar el drama humano de su causa política, por más que algunos se empeñen en hacerlo.


Yo soy parte de esa estadística. Soy uno de esos nueve millones. Y precisamente por eso, me niego a que mi historia —y la de millones como yo— sea contada por quienes no la vivieron.

LO QUE SE PIERDE CUANDO UNO SE VA

Hay algo que los que nunca han emigrado de forma forzada no pueden comprender del todo: la emigración no es solo un cambio de dirección. Es una ruptura. Es una herida que nunca cierra del todo.

Uno no emigra y ya. Uno emigra y pierde. Pierde el olor de su casa, el sabor de su comida, la voz de su madre al teléfono que suena cada vez más lejana. Pierde el derecho a estar en los momentos importantes: el cumpleaños del sobrino, el velorio del abuelo, la graduación del hermano. Pierde la cotidianidad de su pueblo, esa que uno da por sentada hasta que ya no la tiene.

Yo perdí a mis padres. Ambos. Con apenas 43 días de diferencia. Y no estuve ahí como hubiera querido estar.

Mi padre murió el 3 de abril de 2024, cerca de las 10 de la mañana. Muerte súbita. Sin aviso, sin despedida, sin que yo pudiera estar a su lado. Mi madre había sufrido una hipoglucemia severa el 19 de agosto de 2023 que la dejó en estado vegetativo persistente. Agonizó durante meses en Colombia, esperando una visa de reunificación familiar que le permitiera estar con su familia. Murió en la madrugada del 15 de mayo de 2024, sola en tierra ajena, sin haber podido reunirse con los suyos. La visa de reunificación familiar llegó el 13 de enero de 2025. Ocho meses después de que ella ya no estaba.

Repito: la visa llegó ocho meses después de que mi madre murió esperándola.

Esa es la cara que el socialismo tiene en mi vida: no la de un libro de economía, no la de un debate universitario. La de dos cajones de madera y una visa que llegó tarde. La del Estado que te expulsa, y luego el Estado que te acoge que tampoco llega a tiempo. Esas son las cosas que no te cuentan cuando emigras. Mucho menos si eres un desplazado, no un emigrante por elección.

Cuando alguien me dice que el socialismo «tiene buenas intenciones», yo pienso en eso. Y entonces entiendo que las buenas intenciones, sin libertad, sin instituciones, sin respeto a la propiedad privada y a los derechos individuales, no son más que el pavimento del camino al infierno.

LOS TESTIGOS QUE EL MUNDO NECESITA ESCUCHAR

La diáspora venezolana es, en su conjunto, el mayor archivo vivo de lo que el chavismo hizo con Venezuela. Somos millones de testimonios andantes. Somos la evidencia que no puede ser manipulada por el Ministerio de Información, que no puede ser censurada por el CNE, que no puede ser silenciada por las amenazas del SEBIN.

Estamos aquí. En Chile, en Colombia, en Perú, en España, en Estados Unidos, en Argentina, en Ecuador, en Panamá. Estamos en los restaurantes, en los hospitales, en las obras de construcción, en las universidades. Estamos reconstruyendo nuestras vidas con las uñas y con la dignidad intacta. Y llevamos con nosotros la memoria de lo que pasó.

Esa memoria es incómoda para muchos. Es incómoda para los gobiernos de izquierda de la región, que durante años miraron a Chávez como un modelo a seguir. Es incómoda para los intelectuales progresistas que aplaudieron la «Revolución Bolivariana» desde la comodidad de sus oficinas en Buenos Aires o Ciudad de México. Es incómoda para los periodistas que vendieron el cuento del «socialismo del siglo XXI» sin pagar el precio que pagamos nosotros.

Pero la incomodidad no borra la verdad. Y la verdad es esta: Venezuela no se destruyó por un accidente. Venezuela se destruyó por un proyecto político deliberado, ideológico, sostenido durante más de veinte años, que concentró el poder, destruyó las instituciones, eliminó la propiedad privada, persiguió a la oposición y hundió al país en una espiral de miseria de la que todavía no logra salir.

POR QUÉ IMPORTA QUE LO CONTEMOS

Podríamos quedarnos callados. Podríamos adaptarnos, integrarnos, y dejar atrás todo lo que pasó como quien cierra una herida con esparadrapo. Muchos lo hacen. Es comprensible. El dolor cansa. La nostalgia agota. El exilio tiene su propio peso y no todo el mundo tiene energía para cargarlo y además hablar.

Pero yo creo que tenemos una responsabilidad que va más allá de nuestra comodidad personal. Creo que la diáspora venezolana tiene una misión histórica: ser la memoria que Venezuela no puede tener desde adentro, porque desde adentro la memoria es peligrosa.

Debemos contarlo porque hay jóvenes en Chile, en Argentina, en España, que están siendo seducidos por las mismas ideas que destruyeron Venezuela, envueltas en un lenguaje nuevo, con nuevos rostros y nuevas consignas, pero con la misma esencia: más Estado, menos libertad, más control, menos propiedad, más ideología, menos razón.

Debemos contarlo porque la historia, cuando no se cuenta, se repite.

Debemos contarlo porque nueve millones de personas no pueden convertirse en una nota al pie de página.

EL FUTURO DE VENEZUELA Y EL FUTURO DE NOSOTROS

Hay una pregunta que me hacen con frecuencia: ¿volverías a Venezuela si las cosas cambian?

Mi respuesta honesta es: no lo sé. Y esa incertidumbre en sí misma es una forma de daño. Porque la patria no debería ser una pregunta condicional. La patria debería ser una certeza.

Lo que sí sé es esto: Venezuela va a cambiar. No sé cuándo, no sé cómo, no sé si será a través de un proceso político pacífico o de una explosión social. Pero los sistemas que se sostienen sobre la mentira, la represión y la miseria tienen fecha de vencimiento. La historia lo demuestra.

Y cuando ese momento llegue, la diáspora va a jugar un papel fundamental. Somos los que conservamos las instituciones en la memoria, los que sabemos cómo funciona un Estado de derecho porque lo hemos visto funcionar desde afuera, los que tenemos el capital humano, la experiencia y —quizás lo más importante— el amor suficiente para volver a construir.

Pero mientras ese momento llega, nuestra tarea es clara: no callar. Hablar. Recordar. Testimoniar. Ser los nueve millones de razones por las que el mundo debe saber lo que el socialismo le hace a un pueblo cuando se lo permites.

Cada venezolano en el exterior es una historia. Cada historia es una prueba. Y el conjunto de todas esas pruebas forma el veredicto más contundente que puede emitir la historia sobre un modelo político: el fallo de los pies que se van.

Cuando un pueblo huye de su propio país, no hace falta ningún tribunal internacional. La sentencia ya está dictada.

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LA CAJA CHINA: EL TRUCO MÁS VIEJO DEL POPULISMO https://circulandoporladerecha.com/2026/04/06/la-caja-china-el-truco-mas-viejo-del-populismo/ Mon, 06 Apr 2026 04:50:00 +0000 https://circulandoporladerecha.com/?p=1012 Imagina que eres gobierno. Tienes un escándalo entre manos, una reforma que fracasó, un número económico que duele o una corrupción que empieza a oler. ¿Qué haces? No lo enfrentas. No rindes cuentas. Simplemente… sacas otra caja. Eso es la Técnica de la Caja China: la estrategia más antigua, más efectiva y más usada por […]

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Imagina que eres gobierno. Tienes un escándalo entre manos, una reforma que fracasó, un número económico que duele o una corrupción que empieza a oler. ¿Qué haces? No lo enfrentas. No rindes cuentas. Simplemente… sacas otra caja.

Eso es la Técnica de la Caja China: la estrategia más antigua, más efectiva y más usada por la izquierda latinoamericana para gobernar sin gobernar. Para distraer sin que notes que te están distrayendo.

Con un escándalo, se tapa otro.

¿De dónde viene la idea?

El nombre lo dice todo. Se le llama «caja china» porque cuando se logra abrir, dentro de ella hay otra caja más pequeña, dentro de la cual hay una más, y así sucesivamente, construyendo una cortina de humo.

En política, la mecánica es simple: la técnica consiste en eclipsar una noticia que podría afectar negativamente a ciertos actores de poder —un escándalo de corrupción, una crisis económica o una decisión gubernamental impopular— con otra que capte rápidamente el interés del público. Esa «otra» puede ser un escándalo farandulero, una polémica en redes, una declaración incendiaria o incluso un evento fabricado.

No se trata de mentir directamente. Se trata de algo más sofisticado y peligroso: controlar dónde miras.

El manual que nadie te enseñó

La pregunta que deberías hacerte cada vez que abres las noticias no es «¿qué están mostrando?» sino «¿de qué no están hablando?»

En comunicación política, la caja china describe una estrategia para distraer la atención pública de los asuntos verdaderamente importantes hacia temas más ruidosos, polémicos o sensacionalistas, pero con poca relevancia real.

El mecanismo tiene pasos bien definidos:

  • Primero, surge un tema que incomoda al poder. Puede ser una investigación periodística, una cifra de pobreza que subió, una obra que no se terminó, un funcionario detenido.
  • Segundo, casi de inmediato aparece otro tema que domina las redes y los titulares. Escandaloso, emocional, divisivo. Algo que genera rabia o morbo.
  • Tercero, el tema original desaparece del debate. Nadie lo recuerda. Nadie rinde cuentas.
  • Cuarto, cuando el distractor se agota, viene otro. Y otro. Y otro.
  • Un escándalo tapa a otro y cuando se desvanece se genera uno nuevo que mantiene el interés hasta lograr el objetivo.

Chile no es la excepción. Chile es el ejemplo.

Tomemos un caso reciente. Mientras el gobierno de Boric terminaba su mandato, Chile enfrentaba el escándalo del cable submarino de fibra óptica China-Chile: las sanciones de Estados Unidos al ministro de Transportes, Juan Carlos Muñoz, y a dos funcionarios más de la Subsecretaría de Telecomunicaciones, por el avance del cable de fibra óptica China-Chile en el tramo final del gobierno. Un asunto de soberanía, de geopolítica y de relaciones con Washington. Un escándalo real.

¿Cuánto duró en los titulares principales? ¿Cuántos chilenos lo conocen en profundidad?

Mientras tanto, el mismo gobierno que promovió ese cable convirtió la reforma de pensiones, la crisis de seguridad, el caso Monsalve y el escándalo de las fundaciones (Democracia Viva) en una sucesión de noticias que se pisaban unas a otras. El caso de Democracia Viva, que comenzó con el traspaso de fondos públicos a una fundación ligada a la coalición oficialista, creció desde los 14 mil millones a los 90 mil millones de pesos investigados. Un número que asombra. Un número que muchos ciudadanos nunca procesaron porque ya venía la siguiente caja.

La versión digital: más rápida, más letal

El siglo XXI perfeccionó la técnica. Las redes sociales son hoy la nueva arena donde se libra la guerra por la atención. Ya no se necesita censura, basta con saturación. En un mundo donde todos hablan al mismo tiempo, la verdad se diluye por exceso, no por falta.

Un gobierno progresista moderno no necesita controlar la prensa ni silenciar periodistas al estilo soviético. Le basta con alimentar el algoritmo. Con generar indignación controlada. Con sembrar una polémica identitaria —género, diversidad, «discurso de odio»— justo cuando hay algo más importante que debería estar en el centro del debate.

Cada minuto que un ciudadano dedica a indignarse por un tema superficial es un minuto menos de vigilancia cívica.

¿Por qué funciona?

Porque apela a lo más humano que tenemos: la emoción por sobre la razón. La caja china es una táctica de manipulación que apela a la falta de atención y al impulso emocional de la sociedad.

La polarización, además, es la caja china perfecta. Izquierda contra derecha. Feministas contra conservadores. Progresistas contra «fachos». Esa eterna batalla divide, entretiene y drena energía. Nadie gana, pero todos discuten. Y mientras el ciudadano pelea en redes, el poder firma en silencio.

¿Qué hacemos con esto?

Lo primero es reconocer el truco. Una vez que sabes cómo funciona la caja china, empiezas a verla en todas partes. El escándalo que aparece demasiado oportuno. La polémica que explota justo cuando se iba a votar algo importante. El personaje que de pronto copa todas las pantallas sin razón aparente.

Lo segundo es preguntar siempre lo que no se está diciendo. No te dejes llevar por la caja que te muestran. Busca la que están escondiendo.

Lo tercero, y más importante, es exigir rendición de cuentas sin importar el ruido. El ciudadano republicano —ese que Circulando por la Derecha busca formar— no se distrae. Sabe que la libertad se defiende también con atención.

Si no logramos ver las cajas chinas de nuestro gobierno y de otros, nos convertimos en cómplices involuntarios.

Y eso, en democracia, es imperdonable.

Y recuerda, un adulto es el concepto razonado de lo que le conviene y la izquierda, así como la distracción constante, no le conviene a los héroes de verdad.

Que Dios los bendiga.

ERASMO AVELLANEDA MILLÁN

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