EL COBRE NO ES UNA POLÍTICA ECONÓMICA

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EL COBRE NO ES UNA POLÍTICA ECONÓMICA

El 3 de agosto el Banco Central informó que el Imacec de junio creció 2,4% anual. Chile esquivó por margen mínimo una recesión técnica, después de cinco meses consecutivos de caídas.

El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, habló de un punto de inflexión y descartó visos de recesión. El gobierno respiró. Buena parte de nuestro sector celebró.

Yo voté por este gobierno y quiero que le vaya bien. Precisamente por eso voy a escribir lo que sigue.

Ese número no dice lo que se está diciendo que dice.

QUÉ HAY REALMENTE ADENTRO DEL 2,4%

Cuando uno abre el dato, la historia cambia.

El crecimiento se explicó por minería, servicios y comercio. La producción minera repuntó 6,0%. El cobre hizo el trabajo pesado.

Ahora miremos la economía donde vive la mayoría de los chilenos: el Imacec no minero creció 1,4%. Y la producción manufacturera cayó 3,2% en doce meses.

Es decir: el sector que emplea, que agrega valor y que sostiene cadenas de proveedores sigue contrayéndose. Lo que subió fue el precio y el volumen de un metal que se cotiza en Londres y cuya trayectoria no depende de ningún ministro chileno.

Scotiabank ya advirtió que julio volvería a crecer cerca de cero por efectos de El Niño.

Y aquí está el punto que me importa: atribuirse el cobre es exactamente el vicio que le criticamos a la izquierda durante veinte años. Cuando el superciclo financió la expansión del gasto entre 2004 y 2012, nosotros —con razón— dijimos que eso no era mérito de nadie, que era suerte geológica y demanda china. No podemos cambiar de doctrina ahora que el metal juega a favor.

EL MARCADOR QUE IMPORTA SIGUE EN 9,4%

Este gobierno no se eligió prometiendo Imacec. Se eligió prometiendo empleo, orden y reactivación.

La tasa de desocupación del trimestre abril-junio de 2026 fue 9,4%. Exactamente la misma del trimestre móvil anterior.

El propio Banco Central lo describió sin adornos en su reunión de julio: la creación de empleo se mantiene débil y los costos laborales por hora se aceleraron.

Un desempleo estancado en 9,4% con costos laborales subiendo es la peor combinación posible. Significa que el mercado del trabajo no está absorbiendo gente y que contratar se está encareciendo al mismo tiempo.

Ningún dato de actividad compensa eso. Porque el chileno que perdió la pega no lee el Imacec.

LA VARIABLE QUE SE MOVIÓ AL REVÉS

Aquí está lo más incómodo, y casi nadie lo comentó.

Toda la apuesta de la Ley de Reconstrucción Nacional descansa en una cadena: menos impuesto corporativo y certeza tributaria → más inversión → más empleo → más recaudación.

¿Qué pasó con la inversión?

El Banco Central, en su comunicado de política monetaria de julio, señaló que los indicadores de alta frecuencia sugieren que en el segundo trimestre la inversión se desaceleró más de lo previsto.

Más de lo previsto. En el trimestre en que la reforma se tramitaba y su aprobación era altamente probable.

Seamos justos con el contraargumento, porque existe y es serio: el catastro de la Corporación de Bienes de Capital sigue mostrando un panorama positivo para proyectos de inversión en el período 2026-2029. Los efectos tributarios operan con rezagos largos, y juzgar una reforma aprobada en julio con datos de junio sería un disparate.

De acuerdo. Pero entonces vale la simetría: si es muy temprano para juzgar la reforma, también es muy temprano para celebrar el Imacec.

No se puede pedir paciencia para lo malo y aplauso inmediato para lo bueno.

LA PARTE FISCAL, QUE ES LA MÁS GRAVE

Y llegamos a donde este gobierno tiene su promesa más explícita y su brecha más ancha.

Kast llegó al poder comprometiendo contención del gasto público. Revisemos el marcador.

En mayo, el ministro Quiroz presentó el Informe de Finanzas Públicas del primer trimestre y corrigió el déficit fiscal proyectado para 2026 desde 1,8% del PIB —cifra que calificó de inverosímil— hasta 2,9%, que con medidas de ajuste bajaría a 2,4%.

En el mismo informe detectó que la administración anterior no habría incorporado compromisos de deuda por más de US$10.500 millones para el período 2026-2030. Con esa corrección, la deuda bruta del gobierno central cruzaría el umbral prudencial del 45% del PIB en 2028 y llegaría a 46,5% en 2030.

En junio, el presidente firmó un proyecto para elevar en US$6.200 millones el límite de endeudamiento autorizado para 2026.

Y consultado directamente sobre si el gobierno reconocía que no alcanzaría su meta de presupuesto equilibrado, Quiroz respondió: <cite index="19-1">"Obviamente, eso es lo que dicen las cifras"</cite>.

Los decretos de recorte suman más de $130 mil millones repartidos en varios ministerios. Es real, es ordenado y es bastante menos de lo prometido.

Un gobierno que baja el impuesto corporativo mientras sube el techo de la deuda está haciendo economía de oferta a crédito.

Es la apuesta de Reagan en 1981, y conviene recordar cómo terminó esa parte de la historia: la reactivación llegó, y el déficit también.

LA HERENCIA ES REAL, Y TAMBIÉN ES UNA COARTADA

Quiero ser justo, porque la crítica fácil aquí sería tramposa.

La omisión de US$10.500 millones en la proyección de deuda es un hecho documentado, grave, y Hacienda instruyó una investigación administrativa. Si se confirma, es una de las irregularidades fiscales más serias en décadas y merece consecuencias.

Recibir una casa con daño estructural oculto es un problema legítimo y no es culpa del que llega.

Pero.

Toda administración entrante en Chile ha denunciado la herencia de la anterior. Sin excepción, gobierno tras gobierno, desde hace treinta años. Y en algún punto —no sé si a los seis meses, a los doce o a los dieciocho— la herencia deja de ser una explicación y se transforma en una coartada.

Si le exigimos a Boric que dejara de culpar a Piñera, tenemos que ponerle un plazo a este gobierno también. Los estándares que solo aplicamos hacia afuera no son estándares. Son propaganda.

LO QUE EL MODELO TODAVÍA NO RESUELVE

Tres cosas, y ninguna se arregla con la tasa corporativa.

Primero, la productividad. Chile lleva más de una década con crecimiento de productividad prácticamente nulo. La rebaja tributaria mejora el retorno de una inversión, pero no mejora la eficiencia con que se usa el capital una vez invertido. Son problemas distintos y solo uno está siendo atendido.

Segundo, la permisología. Un proyecto puede tener certeza tributaria por veinte años y seguir esperando siete para obtener permisos sectoriales. Ese cuello de botella es administrativo, no impositivo, y es donde un gobierno de derecha puede mostrar resultados sin gastar un peso ni pedirle nada al Congreso.

Tercero, el empleo formal. Bajarle impuestos a la gran empresa no genera empleo en la pyme, que es donde trabaja la mayoría. Con costos laborales por hora acelerándose y desempleo en 9,4%, ese es el frente que está sin estrategia visible.

Nada de esto significa que el modelo esté fracasando. Cinco meses no juzgan a ningún gobierno, y la apuesta tributaria tiene una teoría económica seria detrás.

Significa otra cosa, más simple y más urgente: que todavía no hay resultados que celebrar, y que celebrarlos igual nos deja sin autoridad para exigirlos.

La derecha chilena tiene una ventaja histórica en materia económica: durante décadas fuimos los que mirábamos los números en frío mientras el otro lado miraba las intenciones.

Sería una pena perder eso justo ahora, por la comodidad de aplaudir un dato del cobre.

Este artículo da continuidad al balance de los primeros meses de gobierno publicado en julio.

Es todo por ahora, nos seguimos viendo la próxima semana, espero también que puedan indagar por sus propios medios si el tiempo entre el trabajo, la esposa y los hijos se lo permiten.

Y recuerda, un adulto es el concepto razonado de lo que le conviene y la izquierda, no le conviene a los héroes de verdad.

Que Dios los bendiga.