LA CAJA CHINA: EL TRUCO MÁS VIEJO DEL POPULISMO

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LA CAJA CHINA: EL TRUCO MÁS VIEJO DEL POPULISMO

Imagina que eres gobierno. Tienes un escándalo entre manos, una reforma que fracasó, un número económico que duele o una corrupción que empieza a oler. ¿Qué haces? No lo enfrentas. No rindes cuentas. Simplemente... sacas otra caja.

Eso es la Técnica de la Caja China: la estrategia más antigua, más efectiva y más usada por la izquierda latinoamericana para gobernar sin gobernar. Para distraer sin que notes que te están distrayendo.

Con un escándalo, se tapa otro.

¿De dónde viene la idea?

El nombre lo dice todo. Se le llama "caja china" porque cuando se logra abrir, dentro de ella hay otra caja más pequeña, dentro de la cual hay una más, y así sucesivamente, construyendo una cortina de humo.

En política, la mecánica es simple: la técnica consiste en eclipsar una noticia que podría afectar negativamente a ciertos actores de poder —un escándalo de corrupción, una crisis económica o una decisión gubernamental impopular— con otra que capte rápidamente el interés del público. Esa "otra" puede ser un escándalo farandulero, una polémica en redes, una declaración incendiaria o incluso un evento fabricado.

No se trata de mentir directamente. Se trata de algo más sofisticado y peligroso: controlar dónde miras.

El manual que nadie te enseñó

La pregunta que deberías hacerte cada vez que abres las noticias no es "¿qué están mostrando?" sino "¿de qué no están hablando?"

En comunicación política, la caja china describe una estrategia para distraer la atención pública de los asuntos verdaderamente importantes hacia temas más ruidosos, polémicos o sensacionalistas, pero con poca relevancia real.

El mecanismo tiene pasos bien definidos:

  • Primero, surge un tema que incomoda al poder. Puede ser una investigación periodística, una cifra de pobreza que subió, una obra que no se terminó, un funcionario detenido.
  • Segundo, casi de inmediato aparece otro tema que domina las redes y los titulares. Escandaloso, emocional, divisivo. Algo que genera rabia o morbo.
  • Tercero, el tema original desaparece del debate. Nadie lo recuerda. Nadie rinde cuentas.
  • Cuarto, cuando el distractor se agota, viene otro. Y otro. Y otro.
  • Un escándalo tapa a otro y cuando se desvanece se genera uno nuevo que mantiene el interés hasta lograr el objetivo.

Chile no es la excepción. Chile es el ejemplo.

Tomemos un caso reciente. Mientras el gobierno de Boric terminaba su mandato, Chile enfrentaba el escándalo del cable submarino de fibra óptica China-Chile: las sanciones de Estados Unidos al ministro de Transportes, Juan Carlos Muñoz, y a dos funcionarios más de la Subsecretaría de Telecomunicaciones, por el avance del cable de fibra óptica China-Chile en el tramo final del gobierno. Un asunto de soberanía, de geopolítica y de relaciones con Washington. Un escándalo real.

¿Cuánto duró en los titulares principales? ¿Cuántos chilenos lo conocen en profundidad?

Mientras tanto, el mismo gobierno que promovió ese cable convirtió la reforma de pensiones, la crisis de seguridad, el caso Monsalve y el escándalo de las fundaciones (Democracia Viva) en una sucesión de noticias que se pisaban unas a otras. El caso de Democracia Viva, que comenzó con el traspaso de fondos públicos a una fundación ligada a la coalición oficialista, creció desde los 14 mil millones a los 90 mil millones de pesos investigados. Un número que asombra. Un número que muchos ciudadanos nunca procesaron porque ya venía la siguiente caja.

La versión digital: más rápida, más letal

El siglo XXI perfeccionó la técnica. Las redes sociales son hoy la nueva arena donde se libra la guerra por la atención. Ya no se necesita censura, basta con saturación. En un mundo donde todos hablan al mismo tiempo, la verdad se diluye por exceso, no por falta.

Un gobierno progresista moderno no necesita controlar la prensa ni silenciar periodistas al estilo soviético. Le basta con alimentar el algoritmo. Con generar indignación controlada. Con sembrar una polémica identitaria —género, diversidad, "discurso de odio"— justo cuando hay algo más importante que debería estar en el centro del debate.

Cada minuto que un ciudadano dedica a indignarse por un tema superficial es un minuto menos de vigilancia cívica.

¿Por qué funciona?

Porque apela a lo más humano que tenemos: la emoción por sobre la razón. La caja china es una táctica de manipulación que apela a la falta de atención y al impulso emocional de la sociedad.

La polarización, además, es la caja china perfecta. Izquierda contra derecha. Feministas contra conservadores. Progresistas contra "fachos". Esa eterna batalla divide, entretiene y drena energía. Nadie gana, pero todos discuten. Y mientras el ciudadano pelea en redes, el poder firma en silencio.

¿Qué hacemos con esto?

Lo primero es reconocer el truco. Una vez que sabes cómo funciona la caja china, empiezas a verla en todas partes. El escándalo que aparece demasiado oportuno. La polémica que explota justo cuando se iba a votar algo importante. El personaje que de pronto copa todas las pantallas sin razón aparente.

Lo segundo es preguntar siempre lo que no se está diciendo. No te dejes llevar por la caja que te muestran. Busca la que están escondiendo.

Lo tercero, y más importante, es exigir rendición de cuentas sin importar el ruido. El ciudadano republicano —ese que Circulando por la Derecha busca formar— no se distrae. Sabe que la libertad se defiende también con atención.

Si no logramos ver las cajas chinas de nuestro gobierno y de otros, nos convertimos en cómplices involuntarios.

Y eso, en democracia, es imperdonable.

Y recuerda, un adulto es el concepto razonado de lo que le conviene y la izquierda, así como la distracción constante, no le conviene a los héroes de verdad.

Que Dios los bendiga.

ERASMO AVELLANEDA MILLÁN