Serie: Técnicas de Manipulación Política — Cuarta entrega Por Erasmo Avellaneda | Circulando por la Derecha
El miércoles 5 de agosto, en el Senado de la República, dos parlamentarias se gritaron frente a las cámaras.
El tema de fondo era grave y legítimo: un grupo de legisladores de derecha había solicitado al presidente Kast el indulto de uniformados condenados por hechos ocurridos durante el estallido social. Entre ellos, el excapitán de Carabineros condenado a doce años por el lanzamiento de la bomba lacrimógena que dejó ciega a Fabiola Campillai.
Ese es un debate real. Toca la justicia, el perdón, la proporcionalidad de las penas, el rol de la fuerza pública y las heridas abiertas de octubre de 2019. Hay argumentos serios a ambos lados y el país necesita tenerlos.
No se discutió nada de eso.
Se discutió si una era delincuente. Se discutió el origen social de la otra. Se discutió su familia, su capacidad intelectual, su barrio.
Bienvenidos a la cuarta entrega de esta serie.
QUÉ ES EL AD HOMINEM
La estructura es de una simplicidad brutal:
No se refuta el argumento. Se descalifica a quien lo formula.
Y funciona porque explota un atajo mental legítimo. En la vida real sí importa quién habla: le creo más a un cardiólogo sobre el corazón que a mi vecino. El problema aparece cuando ese atajo se usa para no examinar lo que se dijo.
Un argumento es verdadero o falso por su estructura y su evidencia. No por la biografía de quien lo pronuncia.
Si un canalla dice que dos más dos son cuatro, siguen siendo cuatro.
LAS CINCO FORMAS QUE VAS A RECONOCER
1. El abusivo. El insulto directo. "Es un facho". "Es un comunista". "Es una vieja de feria". No agrega información: cierra la conversación.
2. El circunstancial. Se ataca el interés en vez del argumento. "Claro que defiendes eso, si eres empresario". "Dices eso porque te pagan las mineras". Se sustituye la evaluación del argumento por la sospecha sobre el motivo.
3. El envenenamiento del pozo. Se descalifica antes de que el otro hable, para que nada de lo que diga cuente. "Antes de escucharlo, recuerden quién es este señor".
4. El "y tú más". El favorito del debate chileno. "¿Me hablas tú de corrupción?". No responde nada: solo empata la culpa. Aunque el acusador sea un hipócrita, la acusación puede ser cierta.
5. La culpabilidad por asociación. "Eso mismo decía Pinochet". "Ese argumento lo usa el chavismo". Se contamina una idea por quién más la ha sostenido, sin examinarla.
EL CASO DEL 5 DE AGOSTO
Volvamos al Senado, porque el episodio contiene casi todo el catálogo.
Campillai increpó a Flores recordándole que está siendo investigada por fraude al fisco, y la trató de delincuente defendiendo a otro delincuente.
Flores respondió cuestionando al entorno familiar de Campillai, afirmando que tendría hija, nieto y yerno delincuentes, y agregó que la senadora era intelectualmente deficiente. En el intercambio la llamó además "poblacional" y "señora de feria".
Detengámonos en lo que ocurrió ahí, porque es más grave de lo que parece.
La pregunta sobre la mesa era: ¿corresponde indultar a uniformados condenados por hechos del estallido?
Ninguna de las dos la respondió.
Una podría haber argumentado que el indulto vulnera a las víctimas y erosiona las sentencias judiciales. La otra podría haber argumentado que hubo procesos con vicios, penas desproporcionadas o falta de contexto operativo. Ambas posiciones son defendibles y ninguna requiere insultar a nadie.
En cambio, el país se quedó sin ese debate y con dos videos virales.
El ad hominem no solo daña a la persona atacada. Le roba a la ciudadanía la discusión que le pertenecía.
AHORA LA PARTE QUE ME TOCA
Camila Flores es senadora de Renovación Nacional. Es de mi sector.
Y sus dichos fueron los más degradantes del intercambio.
Usar "señora de feria" o "poblacional" como insulto no es un exceso verbal. Es una declaración de principios, y es la contraria a la que decimos sostener. La derecha chilena lleva años —con toda razón— reclamando que se nos caricaturiza como el partido de los ricos, indiferente al chileno común. Después alguien de los nuestros convierte el trabajo en una feria libre en un epíteto, y le entrega esa caricatura servida a nuestros adversarios.
Y ojo, porque el reproche vino desde todas partes. Magdalena Piñera cuestionó públicamente el tono del debate parlamentario tres días después. Le Monde Diplomatique publicó una columna sobre el uso del origen humilde como arma política. Cuando la izquierda y el entorno de Piñera coinciden en que algo estuvo mal, probablemente estuvo mal.
No se puede defender la meritocracia y despreciar a quien trabaja. Es la contradicción más cara que puede cometer nuestro sector.
Que la otra senadora también haya insultado no lo arregla. Eso es exactamente el "y tú más" del punto 4.
CUÁNDO NO ES FALACIA
Aquí está la distinción fina, y la mayoría de la gente no la hace.
Señalar quién habla no siempre es un ad hominem.
La clave está en qué tipo de afirmación se está evaluando:
Si alguien te da un argumento —premisas, evidencia, razonamiento— su biografía es irrelevante. Tienes que responderle el argumento.
Si alguien te da un testimonio —"créeme, los datos dicen tal cosa"— su credibilidad sí es pertinente, porque te está pidiendo confianza en lugar de pruebas.
Ejemplo concreto del propio caso: recordar que una parlamentaria está siendo investigada por fraude al fisco es información pública y legítima para evaluar su idoneidad para el cargo. Es información relevante sobre la persona.
Pero no refuta absolutamente nada sobre si un indulto corresponde o no.
Esa es la línea: un conflicto de interés es motivo para verificar un argumento con más rigor. Nunca es motivo para no examinarlo.
POR QUÉ ESTO NOS ESTÁ COSTANDO EL PAÍS
Un sistema político donde el desacuerdo se procesa por descalificación tiene tres consecuencias, y las estamos viviendo todas.
Nadie cambia de opinión jamás. Si discrepar de mí te convierte en despreciable, entonces darte la razón me convierte a mí en despreciable. La rectificación se vuelve imposible.
Se seleccionan los peores. El insulto rinde en redes sociales; el matiz no. Con el tiempo, el sistema promueve a quien mejor humilla, no a quien mejor legisla.
Se destruye la confianza institucional. Cuando dos senadoras se gritan frente a las cámaras, no pierde una de las dos. Pierde el Senado. Y detrás del Senado, la idea misma de que los conflictos se resuelven hablando.
EL ANTÍDOTO
Tres reglas prácticas.
Separa la afirmación de quien la hace. Antes de responder, pregúntate si estás refutando lo que se dijo o a quien lo dijo.
Aplica el estándar hacia adentro primero. Si un insulto de los tuyos te parece un exceso comprensible y el mismo insulto del otro lado te parece una infamia, no tienes un principio: tienes un bando.
Sospecha del que solo insulta. Cuando alguien tiene un buen argumento, lo usa. El insulto suele ser la señal de que no lo hay.
Y cierro con una advertencia sobre esta misma serie.
Después de cuatro entregas, tienes nombres para las trampas: la caja china, la infoxicación, el hombre de paja, el ad hominem.
Ese vocabulario también se puede usar mal. Decir "eso es una falacia, típico de ti" es, en sí mismo, un ad hominem con vocabulario técnico.
Estas herramientas no sirven para ganar peleas. Sirven para no ser usado.
Y la primera persona a la que hay que aplicárselas es a uno mismo.
Es todo por ahora, nos seguimos viendo la próxima semana, espero también que puedan indagar por sus propios medios si el tiempo entre el trabajo, la esposa y los hijos se lo permiten.
Y recuerda, un adulto es el concepto razonado de lo que le conviene y la izquierda, no le conviene a los héroes de verdad.
Que Dios los bendiga.




